Estoy en un momento en donde no sé de qué escribir.
Entonces me siento en un rinconcito de la casa justamente a sentirme, con un pocillo de café modo carajillo. ¿Saben qué es?
Y siento una punzada en el corazón porque no logro ensartar una idea de columna.
Los motivos que me han llevado a escribir las columnas anteriores pasan por la observación y las vivencias mías y de otros en la cotidianidad, el entorno; las inquietudes del momento en la globalidad del planeta a las que tenemos acceso gracias a las redes; las pequeñas conversaciones con personas que se cruzan en nuestros caminos esporádicamente; el deseo genuino de ayudar a calmar el ambiente que vive el país por temas políticos y filosóficos, etcétera, etcétera, etcétera…
Y aquí estoy un tanto hoja en blanco, entre lúgubre y plana; con silencios mentales largos, a lo lejos escuchando música ambiental, el ruido de la avenida que si bien no incomoda por la ubicación del apartamento, si se percibe.
Igual sigo sin idea de tema trascendental para la columna.
¿Saben algo? No existe nada trascendental: Todo llega, todo pasa, se transforma, muta, tiene la importancia que uno le da en el momento.
Algunas veces se han preguntado ¿Por qué un tema, una situación, una cosa, una persona, es importante en un momento determinado y en otro no? . Todo es intrascendente.
Sé que lo he dicho muchas veces, de otras formas, en otras columnas pero la vida es lo que pasa mientras estoy aquí, sentada poniéndo-me cuidado. Observando-me, sintiendo-me, hablando en voz alta y dejando que la grabadora que estoy usando me sirva para dejar registrado lo que estoy viviendo en este momento.
¿Te estás poniendo cuidado donde estás?
¿Eres consciente de lo que es importante para ti ahora y por qué?
¿Te estás observando?
¿Te estás sintiendo?
En fin, logré hilvanar algunas ideas para mí, para ti.
Y creo que la importancia de escribir y la misión de quienes hacen posible su publicación, es que al menos a una persona le resuene, le ayude, le calme, se ría, se incomode, disienta, se entretenga, o simplemente pase el rato.
Y si eso pasa, vale la pena escribir. Un abrazo



