Vergüenza, pena ajena, es lo que siento cuando prendo la TV en CLARO, y a todos nos «meten» un noticiero reflojo dedicado a la propaganda en contra del gobierno actual. Nos hace recordar lo que fue la destrucción sistemática de un noticiero que hoy casi nadie ve, llevado allí por volverse otro instrumento de propaganda. Empero, esos canales y noticieros tienen dueños que pueden hacer lo que les dé la gana, pero ¿qué pasa con el esperpento de RTVC, el medio que TODOS pagamos?

Para entender la situación hay que saber que hay tres caminos: 

el medio privado es como la tienda del barrio, que pertenece a un dueño que busca ganar plata vendiendo publicidad y decide qué muestra según su negocio; 

el medio estatal es como el megáfono del gobernante de turno donde usan la plata de todos para hablar bien de sí mismos y atacar a los que no piensan como ellos; 

y el medio público es como la plaza del pueblo, un espacio que pagamos entre todos pero que no le pertenece al político ni busca hacer negocio, sino que está cuidado por la misma comunidad para que todos puedan educarse, informarse con la verdad y hacerse escuchar sin que nadie se adueñe del micrófono.

Lamentablemente, en Colombia nos borraron la plaza del pueblo y nos impusieron el megáfono. En este gobierno, mantener ese adefesio cuesta unos 85 millones de dólares (que son unos 350.000 millones de pesos anuales). Al juntar la cuenta de los tres últimos años (2024, 2025 y el presupuesto de este 2026), la suma completa da un cerro de plata impresionante: más de un billón de pesos, ¡un millón de millones de pesos! que equivalen a 248 millones de dólares en total sacados de nuestros impuestos. 

Toda esa fortuna junta, que debería usarse para que el canal funcione con educación y buena cultura e INFORMACIÓN OBJETIVA E IMPARCIAL para todos, terminó gastada en financiar un engendro de propaganda para aplaudir al gobierno, demostrando que nos cobran un recibo carísimo por un aparato que solo sirve para el beneficio del gobernante de turno.

Pero este daño NO empezó con ellos: el que compró ese megáfono y armó todo el enredo fue Iván Duque en el año 2021. 

Antes de él, el canal de televisión pública se usaba para dar programas de cultura y educación, pero a Duque se le ocurrió gastarse una millonada de la época (casi 77 millones de dólares en un solo año) para montar un noticiero propio y ponerlo a hablar bien de su gobierno. 

Al hacer eso, Duque dejó la trampa armada y el micrófono prendido; por eso, cuando llegó Petro, el supuesto «Cambio», en lugar de apagar ese aparato y devolvérselo a los ciudadanos como una plaza limpia, vio el juguete, le metió todavía más plata de nuestras billeteras y lo convirtió en el engendro que vemos hoy. 

Al final, la culpa es de los dos: De la derecha que construyó el arma de propaganda y la izquierda que se encargó de jalar el gatillo y subirle todo el volumen.

Y entonces ¿qué? El ejemplo a seguir es la BBC (https://www.bbc.com/aboutthebbc ) donde el canal le sirve a la gente y no al político. 

El nuevo presidente tiene hoy la oportunidad de oro de gestar una Ley para amarrarse sus propias manos y soltar el control de RTVC, la verdad, dudo que resista la tentación de quedarse con un juguete tan potente.

Y si él no lo hace, le tocaría al ¿nuevo? congreso actuar; pero si los congresistas tampoco quieren promover esa ley, es porque prefieren dejar la trampa abierta para cuando sea su turno de mandar o para negociar favores con el gobierno de turno.

Si ambos se hacen los de la vista gorda, a los ciudadanos solo nos quedarán dos caminos, uno ya recorrido con medios privados: dejar de verlos y, otro, castigar a sus responsables con el voto … en tanto, seguiremos TODOS pagando vergonzosas máquinas de propaganda  de algunos: ¡Seguiremos en PPolombia!  

ADDlas redes sociales OParraAnaliza, se convertirán en OParraLectura 

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