Donde no hay visión, el pueblo se extravía; ¡dichosos los que son obedientes a la
ley!». Proverbios 29:18
Es verdad que las campañas terminaron y que las elecciones también; incluso las ceremonias de posesión también concluyen cuando se apagan los himnos, termina la ovación y se desmonta el protocolo, pero lo unico que permanece es Colombia.
Permanece en el pequeño empresario que abre su negocio sin saber si las condiciones económicas le permitirán sostenerlo, permanece el joven que continua en la búsqueda de una oportunidad laboral, las familias que anhelan vivir sin miedo, los campesinos que continúan en el anhelo firme de mejores condiciones de producción, comercialización y que verdaderamente se valore su esfuerzo, así mismo permanecen los emprendedores que luchan por salir adelante y millones de ciudadanos que, sin importar por quién votaron, simplemente desean un país donde sea posible construir un mejor futuro, para ellos y sus familias.
Por eso, más allá de los discursos de posesión, de las celebraciones de unos o de las inconformidades de otros, la verdadera pregunta sigue siendo la misma… ¿Y Colombia cuándo?
No podemos deslegitimar las diferencias políticas, así debe funcionar una democracia, porque quien gobierna, tiene el deber y la obligación de liderar a todos los colombianos y no únicamente a quienes respaldaron su proyecto; del mismo modo que quienes ejercen la oposición cumplen una función de vigilar, proponer, cuestionar y ejercer control, pero todo dentro del marco de la ley y el orden constitucional.
Sin embargo, cuando el debate se endurecerse hasta el punto de que cada decisión parece convertirse en una nueva batalla y cada discurso alimenta la confrontación, el riesgo deja de ser político para convertirse en un problema nacional. Porque una democracia no se debilita por la existencia de opiniones diferentes; se debilita cuando dejamos de reconocer al otro como compatriota y lo vemos únicamente
como un adversario.
Las imágenes que dejo la posiciones presidencial, evidencian esa realidad, aplausos, manifestaciones de inconformidad y mensajes que dejan al descubierto la profunda polarización que atraviesa el país, cada ciudadano tiene el derecho de expresar sus convicciones, pero todos somos responsables de cuidar las instituciones que sostienen nuestra democracia.
Gobernar exige escuchar incluso a quienes discrepan; pero hacer oposición también demanda responsabilidad, prudencia y respeto por el Estado de Derecho, porque la firmeza en las ideas nunca debería confundirse con el debilitamiento de los principios democráticos.
Mientras la conversación pública gira alrededor de quién celebra y quién protesta, Colombia continúa esperando respuestas a los problemas que verdaderamente afectan la vida cotidiana, la seguridad, el empleo, el costo de vida, la educación, la salud, el emprendimiento y las oportunidades para nuestros jóvenes las cuales no tienen un color político y tampoco pueden esperar otros cuatro años debido a la urgencia de la intervención.
Quizá ha llegado el momento de recordar que un país no avanza porque todos piensen igual, sino porque, aun pensando distinto, podemos ser capaces de construir sobre aquello que nos une. Todos los ciudadanos tenemos derecho a exigir resultados, y el Gobierno tiene el deber de gobernar para todos.
Por su parte la oposición tiene la responsabilidad de ejercer control sin renunciar a la institucionalidad y nosotros, como sociedad, tenemos el desafío de no permitir que la polarización termine arrebatándonos aquello que más necesita Colombia, la capacidad de escucharnos y de empatizar, porque al final, los discursos pasarán, las consignas también y los gobiernos cambiarán, como siempre ha ocurrido.
Pero mañana, cuando todo el ruido disminuya, Colombia seguirá ahí, y ese será el verdadero examen, no es quién ganó la elección, ni quién pronunció el discurso más fuerte, sino si los colombianos pueden vivir con más seguridad, más oportunidades, más confianza y más esperanza que ayer. Solo entonces la respuesta dejará de ser una pregunta.
Solo entonces podremos decir que, por fin, también ganó Colombia.


