Desde hace años tenemos una lucha en la ciudad con las vallas y la publicidad en las calles.
Muchas veces hemos visto cómo mochan o tumban árboles solo para que puedan ver un aviso comercial. Pasó cerca de la Villa Olímpica —donde logramos salvar el árbol— y pasó en el Terminal —donde lo tumbaron—. En ambos casos, la valla era de la empresa PARE. Esto no es un tema menor. Un árbol nos da sombra, limpia el aire, frena el calor y nos ayuda a todos por igual; en cambio, una valla lo único que produce es plata para los dueños.
Ahora volvieron a llenarnos de pantallas luminosas. Durante años supimos que las normas de la ciudad no permitían ese tipo de pantallas en ciertas avenidas. ¿Qué pasó entonces? La Alcaldía debe darnos una explicación clara, porque da mucho que pensar que esto suceda justo a un año de las elecciones de concejales y alcalde.
El caso más peligroso está en la avenida Circunvalar, al lado del centro comercial Arboleda. En esa esquina donde se cruzan semáforos, carros, motos y peatones, pusieron una pantalla digital de PARE que se roba toda la mirada. Para colmo, la pantalla también muestra el símbolo rojo de «PARE». Un conductor que viene manejando no tiene por qué adivinar si le están vendiendo algo o si le están ordenando detenerse. Esa confusión hace que frene de golpe o se distraiga, convirtiendo esa esquina en una trampa mortal para peatones y conductores.
De hecho, esa valla -y otras- incumple el Código Nacional de Tránsito que prohíbe expresamente la instalación de vallas publicitarias en vía pública, el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, el Decreto Municipal 1465 de 2010, que prohíbe estrictamente cualquier publicidad que ponga en peligro la seguridad de los actores viales. Viola el (nuevo) Acuerdo 11 de 2026, etcétera. Por eso, la Alcaldía tiene toda la autoridad -y el deber- de desmontarla(s). Con este escrito ejerzo mi DERECHO DE PETICIÓN al Alcalde, Planeación, Gobierno; para que la(s) retiren, y le solicito a la Personería, la Contraloría y la Procuraduría vigilar que hagan su trabajo.
Le pido a usted, a la ciudadanía, que revisemos y denunciemos TODAS las vallas. Miremos si son peligrosas; también a vigilar que paguen el uso y aprovechamiento de NUESTRO espacio público “están enseñados a ocupar y no pagar”. Sean de quien sea. Ese espacio, esos árboles y nuestra vida valen mucho más que cualquier aviso publicitario. Una ciudad moderna nunca será la que se llene de pantallas, ni de publicidad, sino la que cuida sus árboles, su gente.
Viene: El Centro: renovación o regeneración urbana ¡esa es la pregunta!
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