Claudia Esperanza Castaño Montoya “Cece”
Claudia Esperanza Castaño Montoya “Cece”

Por: Claudia Esperanza Castaño Montoya 

Mientras avanza el Mundial, millones de personas comentan partidos, discuten alineaciones, celebran goles y defienden a sus selecciones favoritas. A veces la discusión se anima, alguien levanta la voz y otro responde con vehemencia. Pero cuando el partido termina, todos siguen compartiendo la misma mesa.

Quizás esa imagen ayude a entender el momento que vive Colombia después de las elecciones.

Las urnas ya hablaron. Los votos ya fueron contados. Sin embargo, la tarea más importante apenas comienza: seguir conviviendo.

En miles de hogares hay quienes celebran el resultado y quienes lo observan con preocupación. En algunos grupos familiares se evita el tema para no discutir. En otros se conversa con respeto. Lo mismo ocurre entre amigos, vecinos y compañeros de trabajo que descubrieron que imaginan un país distinto.

Y, sin embargo, todos amanecieron con preocupaciones parecidas: la seguridad, la salud, el costo de la vida, las oportunidades para sus familias y la esperanza de un futuro mejor.

Las elecciones deciden quién gobernará Colombia. Pero no deciden cómo nos trataremos los colombianos entre nosotros. Esa decisión sigue estando en nuestras manos.

La toma quien escucha antes de descalificar. Quien verifica antes de compartir una información. Quien critica con argumentos en lugar de hacerlo desde la rabia. Quien entiende que pensar distinto no convierte al otro en enemigo.

También alcanza a quienes ejercen algún liderazgo social, comunitario, académico, gremial, político o ciudadano. Sus palabras suelen llegar más lejos y, por eso mismo, tienen una responsabilidad mayor: cuestionar cuando sea necesario, proponer cuando sea posible y demostrar que la firmeza de las convicciones no exige alimentar la hostilidad.

Una democracia no se fortalece únicamente en las instituciones. También se fortalece en las conversaciones cotidianas, en la capacidad de disentir sin romper vínculos y en la disposición a reconocer que nadie posee toda la verdad.

El presidente electo tendrá la responsabilidad de dirigir el Estado. Pero Colombia no se construye únicamente desde los despachos oficiales. También se construye en las casas, los barrios, los lugares de trabajo y cada espacio donde los ciudadanos deciden actuar con respeto, honestidad y sentido de comunidad.

Tal vez la pregunta más importante de estos días no sea quién ganó o quién perdió. Tal vez sea qué clase de ciudadanos queremos ser después de conocer el resultado.

Las urnas hicieron su trabajo. Ahora nos corresponde hacer el nuestro.

Porque el país que tendremos dentro de cuatro años dependerá de las decisiones de quien gobierna, pero también de las que tomemos nosotros cada día, cuando volvamos a sentarnos a la misma mesa y recordemos que, a pesar de nuestras diferencias, seguimos compartiendo el mismo hogar llamado Colombia.

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