Una reciente contingencia registrada en el centro de control del Aeropuerto Internacional El Dorado ha encendido las alarmas en el sector aeronáutico nacional. Las recurrentes fallas tecnológicas en los sistemas de vigilancia radar y en las comunicaciones no solo han provocado demoras masivas, restricciones de tránsito y cancelaciones de vuelos comerciales, sino que han puesto sobre la mesa una problemática estructural mucho más profunda: la falta de modernización tecnológica y de mantenimiento preventivo que, según agremiaciones del sector, arrastra el país desde el año 2015.

El peligro de operar «a ciegas» y el impacto en la capacidad operativa

Las recientes interrupciones en los sistemas de control obligaron a la suspensión temporal de despegues y a la aplicación de estrictas medidas de regulación en distintas regiones del espacio aéreo. El capitán Germán Roa, vicepresidente de la Asociación Colombiana de Aviadores Civiles (ACDAC), advirtió en entrevista con Caracol Radio que estas situaciones no son hechos aislados. De acuerdo con el representante de los pilotos, cuando las pantallas del radar fallan, los controladores quedan prácticamente «ciegos», perdiendo la visualización en tiempo real de la ubicación, velocidad, altitud y trayectoria de las aeronaves.

Esta pérdida de visibilidad técnica obliga a los operadores a prescindir de la tecnología moderna y a recurrir a métodos de control alternativos basados en estimaciones manuales de tiempos, distancias y comunicaciones verbales con las cabinas. “Queda ciego y volvemos al control aéreo de hace 50 años”, enfatizó Roa, al señalar que la situación se torna crítica cuando a la falla de las pantallas se suman los daños simultáneos en las frecuencias de comunicación radial, lo que compromete gravemente los estándares internacionales de seguridad operacional.

Por su parte, la Asociación Colombiana de Controladores de Tránsito Aéreo (Acdecta) respaldó estas alertas al manifestar que la repetición constante de estas fallas incrementa de manera peligrosa la carga laboral del personal y traslada una presión desmedida a la pericia individual de los controladores. Como consecuencia directa de estas restricciones de seguridad, la capacidad operacional de los centros de control disminuye drásticamente; por ejemplo, un sector que normalmente tiene la capacidad de gestionar hasta 20 aeronaves puede verse reducido a recibir apenas cinco debido a los amplios márgenes de separación que es obligatorio establecer entre los aviones.

Infraestructura obsoleta y déficit de personal técnico

El trasfondo de esta crisis técnica radica en la obsolescencia de los equipos tecnológicos y en la ausencia prolongada de mantenimiento preventivo adecuado. Según las denuncias gremiales, los equipos principales de navegación aérea y los centros de control en Bogotá no han recibido actualizaciones de software ni hardware desde el año 2015.

A esta situación de rezago tecnológico se suman incidentes críticos de infraestructura ya reportados, tales como la inoperatividad prolongada durante más de dos años del Sistema de Aterrizaje por Instrumentos (ILS) en la pista izquierda de El Dorado —el cual fue recientemente reactivado—, así como la prolongada falla del radar de control de superficie. Adicionalmente, el gremio de aviadores señaló que existe un preocupante déficit de personal que ronda el 30% de la capacidad necesaria para operar con eficiencia todo el espacio aéreo nacional.

La problemática institucional se ve agravada por vacíos en la dirección técnica de la entidad encargada de regular el sector. Los voceros gremiales señalaron que el cargo de director de sistemas de aeronáutica aérea —responsable directo del mantenimiento de las radioayudas, los radares y las redes de comunicación— lleva más de dos años sin un nombramiento en propiedad, una situación que evidencia la falta de un liderazgo técnico sólido y oportuno. Ante este panorama, las asociaciones han insistido ante la Aeronáutica Civil (Aerocivil) en la urgencia de priorizar la idoneidad profesional y técnica por encima de criterios políticos en los altos cargos directivos.

Reacciones institucionales y repercusiones para los pasajeros

Mientras las agremiaciones exigen un plan de modernización integral y sostenible que garantice la redundancia de los equipos de navegación en todo el país —incluyendo alertas similares emitidas por controladores en otras regiones del territorio nacional—, las autoridades aeronáuticas han indicado que los incidentes técnicos puntuales han sido superados mediante la activación de protocolos de contingencia.

La Aerocivil aseguró que se desplegaron equipos técnicos especializados para restablecer los planes de vuelo afectados y normalizar de manera paulatina las operaciones en las terminales aéreas más concurridas del país. No obstante, los efectos colaterales ya se hicieron sentir en la industria de transporte comercial. Aerolíneas como Latam reportaron la cancelación preventiva de múltiples frecuencias e itinerarios que conectan a Bogotá con ciudades principales como Medellín, Cali, Barranquilla, Pereira, Riohacha y Montería, afectando a cientos de viajeros que debieron ser reubicados en vuelos posteriores sin costo adicional.

Las organizaciones sindicales y de pilotos concluyeron que, si bien los protocolos de contingencia mitigan el riesgo inmediato de accidentes, las medidas deben ser de carácter estructural. La modernización tecnológica de los radares y el fortalecimiento de la vigilancia técnica son catalogados como tareas inpostergables para evitar que las fallas recurrentes sigan afectando la competitividad y la confianza en la aviación comercial de Colombia.

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