La región del Guaviare se ha convertido en el epicentro de una nueva y sangrienta fractura interna de las antiguas Farc. Desde la mañana del 27 de mayo de 2026, intensos enfrentamientos armados entre dos facciones disidentes del Estado Mayor Central (EMC) han sumido a la población de San José del Guaviare en un estado de confinamiento y terror.
Fuentes oficiales confirmaron que el saldo preliminar de estos combates supera los 50 disidentes muertos. La confrontación opone a las estructuras bajo el mando de “Iván Mordisco” contra las unidades lideradas por “Calarcá”, evidenciando una guerra abierta por el control de las economías ilícitas y el dominio territorial en el sur del país.
Caída de mandos clave y la ofensiva de «Iván Mordisco»
Entre las bajas más significativas de esta jornada violenta se encuentra alias Negro Primo (también conocido como “Domingo Bioho”), quien fungía como cabecilla del frente Antonio Ricaurte, vinculado a la facción de “Iván Mordisco”. Con 38 años de edad y una trayectoria criminal de ocho años, “Negro Primo” había escalado posiciones rápidamente, pasando de ser un guerrillero raso en 2017 a convertirse en el principal mando operativo de su estructura en 2026, tras la deserción de otros líderes.
La importancia de su neutralización radica en su experiencia para la reorganización de tropas y el control disciplinario en zonas críticas como Caquetá, Putumayo y el Bajo Caguán. Según las autoridades militares, su muerte debilita la capacidad de financiación del grupo y genera una fuerte desmoralización en las filas disidentes.
Además, durante los combates resultó herido alias Pescado, otro hombre de confianza de Mordisco. Este individuo es recordado por las autoridades tras haber logrado escapar de un bombardeo militar en marzo de 2026, consolidándose como uno de los objetivos de alto valor en la región.
Una población civil bajo fuego cruzado
La intensidad de las disputas territoriales entre el frente Isaías Carvajal, la estructura 44 y el frente Antonio Ricaurte ha dejado a los habitantes de las zonas rurales de San José del Guaviare en medio de una crisis humanitaria. Los civiles se han visto obligados a permanecer en sus hogares, imposibilitados de salir por el riesgo inminente de quedar atrapados en el intercambio de disparos.
Esta situación subraya la complejidad del conflicto actual, donde las comunidades son instrumentalizadas y sufren el impacto directo de la minería ilegal y las rutas del narcotráfico que ambos grupos buscan monopolizar. Las autoridades han emitido alertas de precaución para evitar que el número de víctimas civiles aumente mientras se espera una intervención más contundente del Ejército Nacional para recuperar el orden público.
Fractura estratégica: Diálogo vs. Confrontación
El trasfondo de esta guerra interna reside en las visiones opuestas de sus líderes. Por un lado, “Iván Mordisco”, jefe máximo del Estado Mayor Central, ha mantenido una postura de rechazo total a los acercamientos de paz con el Gobierno Nacional, priorizando la confrontación armada.
Por el contrario, “Calarcá”, quien lidera el denominado Estado Mayor de Bloques y Frente, ha optado por mantener canales de negociación con el Estado, a pesar de que el proceso de diálogo ha enfrentado múltiples suspensiones en los últimos meses. Esta divergencia sobre cómo conducir la política del grupo y quién posee la autoridad legítima ha derivado en la ruptura total de alianzas, transformando a antiguos compañeros de armas en enemigos acérrimos.
A medida que los combates persisten en Guaviare, Meta y Caquetá, la posibilidad de una paz estable en la región parece alejarse, mientras la cifra de bajas sigue en aumento y la presión sobre el Ejército Nacional para intervenir crece exponencialmente.

