reencausar el conocimiento mao
Credito: Christian Orrego

En Colombia cuando se habla de economía por lo general el lenguaje gira en
torno a reformas, proyecciones, cifras, presupuestos y porcentajes y el
pasado 29 de octubre no fue la excepción, el Gobierno nacional presentó
ante el Congreso un proyecto denominado Ley de Rescate Económico, que
contiene medidas enfocadas en las finanzas públicas, en modificar algunos
impuestos y reducir determinados gastos del Estado.

Esta iniciativa abrió un fuerte, pero necesario debate sobre el rumbo
económico del país y sobre la manera en que se distribuirán los esfuerzos
para enfrentar las dificultades fiscales, porque es desde estos escenarios
institucionales donde se anuncian los ajustes, se presentan estrategias y se
pretende explicar las decisiones que en la teoría, pretenden garantizar la
estabilidad del país, pero surge un interrogante importante en esta
conversación: ¿cómo se va a traducir esto en la vida de los ciudadanos?.

Puesto que, más allá de los anuncios, existe una realidad que no puede
quedar relegada, porque las decisiones económicas terminan teniendo
consecuencias en la vida cotidiana, esto se hace evidente cuando una familia
debe reorganizar sus gastos porque el dinero ya no alcanza de la misma
manera; cuando un pequeño comerciante o emprendedor calcula una y otra
vez si puede mantener abierto su establecimiento; cuando un trabajador
cumple su jornada y descubre que buena parte de sus ingresos ya esta
destino incluso antes de recibirlos.

Ni hablar de los jóvenes que buscan una oportunidad, de los emprendedores
que intentan formalizarse y de todos aquellos que trabajan día a día sin la
certeza de cómo será el siguiente mes, claro que el país requiere
urgentemente ordenar sus finanzas, pero la responsabilidad fiscal no puede
seguir tratándose como un asunto menor, ni puede ignorarse por
conveniencia política. El Estado tiene el deber de administrar con rigor los
recursos públicos, debe revisar el gasto, combatir el desperdicio y garantizar
que el dinero de los ciudadanos se utilice con transparencia.

Pero, sin olvidar, que dicha responsabilidad tampoco puede centrarse en
discusiones exclusivamente contable, porque cada decisión debe ser
analizada con rigor debido a sus alcances, sus consecuencias y las personas
que podrían resultar afectadas, por ello cuando se habla de reducir el gasto
público, también es importante preguntar qué se va a reducir, dónde se harán los ajustes y cómo se protegerán los servicios y programas que sostienen a
las comunidades.

Porque cuando se busca plantear nuevos mecanismos de recaudo, también
es pertinente explicar quiénes asumirán esas cargas, qué medidas
compensatorias se ejecutaran y cómo se evitará profundizar las dificultades
de quienes tienen menos capacidad económica.

Tampoco se trata de descalificar o satanizar una propuesta antes de conocer
su trámite, ni de defenderla a ciegas sin ningún sustento ni análisis, porque
para exigir explicaciones, debemos examinar cualquier iniciativa y para eso
necesitamos argumentos, cifras verificables y, sobre todo, un profundo
sentido de responsabilidad frente a la ciudadanía.

En este punto, es trascendental recordar, que la economía no la construye
solo el Gobierno de turno, en ella participamos todos: los que producen,
contratan, emprenden, trabajan y quienes consumen, por eso, las soluciones
deben nacer desde la escuchar asertiva a las regiones, porque la realidades
de una familia campesina, un trabajador independiente, una pequeña
empresa o un hogar urbano son muy distintas en la Costa Atlántica, en los
Llanos Orientales o en el Eje Cafetero.

Tomar decisiones difíciles hace parte del ejerciocio de gobernar, pero
también explicar los motivos detrás de ellas y asumir la responsabilidad de
los resultados. Por su parte, ejercer control ciudadano significa no
conformarse con los anuncios; exige un ejercicio de observarcion cercano,
preguntar, participar y hacer un seguimiento constante.

Porque, un país no puede simplemente asegurar que sus cuentas están en
orden si sus conciudadanos hacen maniobras para llegar a fin de mes; es por
esto que la economía no debe ser una conversación ajena a las personas,
porque sus resultados tienen que sentirse y vivirse en el día a día, de todos
aquellos que hacen posible que este país funcione, el verdadero desafío para
Colombia no solo consiste en procurar equilibrar sus cuentas, sino lograr que
ese balance se traduzca en mejores oportunidades, tranquilidad y una vida
digna para su gente.

Entérate con El Expreso