reencausar el conocimiento mao
Credito: Christian Orrego

Cuando la tierra se sacude no solo caen paredes y calles, existen desastres que nos obligan a mirar algo verdaderamente incómodo ¿Quiénes somos cuando todo alrededor se derrumba? la tragedia generada por el terremoto en Colombia en especial nuestro Departamento Risaralda, no se mide únicamente en perdidas materiales, dejó muerte, familias sin hogar, ciudades enteras enfrentando una emergencia que todavía exige manos; recursos y solidaridad, pero en medio de todo esto entre los escombros también salieron a la superficie actitudes desoladoras que nos invitan a reflexionar y que no deberían dejar indiferente a nadie.

También están quienes llegan a una emergencia no para ayudar sino para grabarla y quienes incluso aprovechan el caos para saquear, mientras algunos tienen las manos llenas de polvo, cargan escombros buscando desesperadamente sobrevivientes, otros permanecen al margen con el celular en la mano, registrando el dolor para luego mostrarlo como contenido, resulta todavía más indignante cuando en medio de esa misma emergencia, se cometen hurtos contra quienes están trabajando para ayudar, como ocurrió con el rescatista en Pereira al que le robaron su motocicleta mientras participaba en las labores de búsqueda, la pregunta es inevitable ¿Qué clase de sociedad le hurta a quien está arriesgando su vida y su seguridad para salvar la vida de otros? hay quienes se sacrifican para salvar a otros mientras que algunos en medio de la desgracia, solo piensan qué provecho pueden sacar de ella.

en medio de una emergencia también aparecen individuos desde cuentas particulares y sin pertenecer a entidades oficiales de la atención, solicitando dinero con el argumento de ayudar albergues, centros comunitarios o a las mismas victimas; cuando la solidaridad no puede transformarse en una excusa para el engaño, sobre todo cuando proviene de quienes tienen los recursos económicos para ayudar de manera directa sin pedir la contribución de los demás.

Ser solidario no significa simplemente transferir dinero al primer número que aparece en redes sociales, significa asegurarse de que los aportes lleguen a quienes realmente han sido afectados, inclusive hoy existen centros de acopio, canales habilitados para recibir alimentos, agua, elementos de higiene entre otros productos que responden a necesidades concretas.

Pero hay algo más que tampoco podemos olvidar de quienes están ayudando, ellos también necesitan ayuda; los médicos, enfermeros, bomberos, rescatistas y voluntarios que llevan horas entre polvo, concreto, escombros, necesitando hidratación, alimentos, descanso y por lo menos condiciones mínimas para continuar. No basta solamente con aplaudirlos en redes sociales mientras otros cargan el peso de la emergencia sobre sus hombros.

Una tragedia nacional no debería convertirse en escenario para campañas, peleas partidistas ni fotografías oportunistas. Habrá tiempo para cuestionar decisiones y exigir explicaciones, pero no cuando todavía hay personas esperando ser encontradas, el dolor de una familia no puede convertirse en argumento electoral.

Colombia no necesita más ruido. Necesita coordinación, responsabilidad y humanidad en una emergencia donde todos tenemos una elección; podemos observar el desastre y preguntarnos qué podemos sacar de él o preguntarnos qué podemos hacer para aliviarlo.

Unos están levantando escombros buscando vidas, otros están llevando agua, comida y medicamentos, otros están poniendo ambulancias, conocimientos y fuerza física al servicio de desconocidos; mientras ellos hacen su parte, lo mínimo que podemos hacer todos es no convertir la tragedia en negocio, en delito ni en propaganda.

Porque los terremotos pueden derrumbar paredes en segundos, pero que también derrumben nuestra solidaridad, nuestra honestidad y nuestro sentido de humanidad, eso sí sería una tragedia todavía mayor.

Hoy debemos levantarnos con la frente en alto, pero sobre todo lo mas importante es encomendarnos a nuestro Señor Jesucristo para que continúe sosteniéndonos en lo que sigue, direccionándonos ya que el es nuestro amparo, nuestra única fortaleza y nuestro pronto auxilio en la tribulación. Que nuestro Dios bendiga Risaralda, que nuestro Dios bendiga Colombia.

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