Creo que mi primer mundial fue el de 1978. TV en blanco y negro en la casa del tío Laureano Gómez Salazar. Pasó la vida y luego se supo que, al lado de los estadios donde las masas celebraban, muchos eran torturados, violados, asesinados, robados sus hijos, desaparecidos, tirados al mar: a veces vivos.
El fútbol es una especie de circo contemporáneo donde se entretiene a los pueblos mientras lo horrible sigue sucediendo. Así seguirá siendo, entonces, ¿por qué no analizar un poco el circo?, especialmente la salida al escenario de los ¿payasos? ¿malabaristas? de la «Selección Colombia».
Este circo 2026 fue mediocre. Antes de avanzar, es la primera vez que escribo una columna sobre fútbol. Es decir, le puse alguna atención: desde 998 no veía un mundial. Por ello opinó. NO analizo. Eso se lo dejo a quienes creen saber de fútbol. Los que de verdad “saben” son los cuatro técnicos finalistas. Especialmente el campeón. Han demostrado que entienden este fútbol actual soso y aburrido. Los demás son analistas, expertos, profesionales, amateur, habla m… o como usted y yo, opinadores.
Ese circo tradicionalmente ha tenido tres partes: defensa, ataque y mediocampo. Sobre esos tres espacios se han inventado mil y un malabares: el esquema 3-2-4-1, el Gegenpressing, los carrileros; según parece, tenemos uno de los mejores del mundo: Muñoz, ¡qué pulmones! Según la FIFA —¿la MAFIFA?—, el mejor nuestro fue Dávinson. Conclusión: lo que mejor hizo esta selección fue defenderse. Con eso, entre 48, quedamos décimos. Una prueba de que en este fútbol mecánico la defensa es muy-muy importante. Seguramente los que viven de esto tendrán que estudiar qué pasó en el 6-4 del tercer puesto.
Solo fuimos superados en defensa por España y Francia. Séptimos en desmarques, décimos en distribución… ¡PERO! ocupamos el puesto 22 en ataque: ¡son los datos y hay que darlos! Quienes están por encima tuvieron una defensa tan buena como la nuestra, pero mediocampo y delantera mejores.
Algo falló. ¡UNA sola asistencia exitosa de Juan Fernando Quintero!, jugando pocos minutos, demuestra el error central: el analista Lorenzo prefirió el mediocre nivel del inestable James Rodríguez sobre el ritmo y la jerarquía de Juan Fer. Pesó más —dicen los chismes— el miedo a que le promoviera el cajón, como a Queiroz en Quito, cuando nos eliminaron de Qatar 2022. Cada uno es dueño de sus miedos. Eso nos dejó sin enfrentar la pata, la maña y la suerte de los inmerecidos subcampeones.
En esencia, al director de esa sección del circo le faltó entender que algunos cambios eran inicialistas y algunos inicialistas eran cambios. Un error curioso para quien se atrevió a apostar por Puerta, la revelación: duplicó el valor de sus servicios. Muy merecido.
Sobre el resto de las secciones del circo en el cual olvidamos momentáneamente las barbaridades humanas —muchas originadas por el sapo en la foto de la celebración española— fue un mundial con pocas sorpresas. Tal vez ese 6-4. O que con Cabo Verde recordamos al Deportivo Pereira campeón, cuando Maya era alcalde, Candamil interventor y Alejandro Restrepo director técnico. La misma España simboliza eso: el fútbol hoy es, esencialmente, «equipo». ¿Queda algún 10? ¿Centrodelantero? ¿El crack que arranca en medio campo y hace el gol?. Es un mensaje clave para todo y todos.
Veremos qué sigue en el show, en el negocio: se dice que es un mega lavadero planetario (…). Ojalá dejen de abusar, entre otros, de los viajes de estas selecciones: ¡millones de toneladas de contaminación innecesarias!
[Mis redes sociales, como esta columna, también están en periodo de desintoxicación]



