Las autoridades de la India han puesto en marcha un inédito y complejo operativo internacional para recuperar el cuerpo de ‘Botas Verdes’ (Green Boots), el alpinista que ha permanecido congelado a unos 8.500 metros de altitud en el monte Everest durante tres décadas. Los restos, que se localizan en la vertiente norte de la montaña (el lado administrado por el Tíbet), se han convertido con el paso de los años en un lúgubre y célebre punto de referencia para los escaladores que intentan alcanzar la cima más alta del mundo.

La iniciativa formal ha sido promovida por la Policía Fronteriza Indo-Tibetana (ITBP, por sus siglas en inglés), una fuerza paramilitar india que recientemente emitió una licitación pública para contratar agencias altamente especializadas en rescates de montaña extrema. El plan estipula que el equipo seleccionado deberá extraer el cadáver de la denominada «zona de la muerte» y transportarlo hasta Nueva Delhi antes de que concluya el mes de octubre.

El misterio de la identidad tras el calzado esmeralda

El trágico apodo de ‘Botas Verdes’ nació debido al llamativo color verde brillante de las botas de escalada que el montañista llevaba puestas cuando falleció. Durante casi treinta años, la comunidad del alpinismo mundial asumió de forma generalizada que los restos pertenecían a Tsewang Paljor, un joven oficial de la ITBP de 28 años que desapareció en la montaña el 10 de mayo de 1996. Aquella fatídica fecha es recordada por una de las peores tragedias climatológicas registradas en el coloso de hielo, donde una violenta ventisca cobró la vida de ocho personas en una sola noche, un evento narrado detalladamente en libros y producciones cinematográficas.

Sin embargo, los nuevos documentos oficiales emitidos para la licitación del rescate han reavivado un profundo debate sobre su verdadera identidad. Según las últimas confirmaciones e informes basados en análisis y registros de la ITBP, el cuerpo correspondería en realidad a Dorje Morup, otro de los experimentados escaladores indios que integraban esa misma expedición de seis personas y que pereció al quedar atrapado por la tormenta junto a Paljor. Independientemente de la divergencia sobre el nombre, existe absoluta certeza de que el cuerpo representa a uno de los miembros caídos de aquel histórico grupo paramilitar indio.

Desafío logístico y médico a 8.500 metros de altura

La operación de extracción ha sido catalogada por los expertos internacionales como una de las misiones de rescate más peligrosas y técnicamente exigentes jamás intentadas en la historia de la cordillera del Himalaya. A una altura de 8.500 metros, las condiciones atmosféricas son implacables: la falta crónica de oxígeno ejerce una presión extrema sobre el organismo humano y las temperaturas descienden de manera habitual por debajo de los cuarenta grados bajo cero.

A estas altitudes, los helicópteros de rescate convencionales no pueden volar ni mucho menos aterrizar, lo que descarta por completo una evacuación aérea directa desde el lugar. Como consecuencia, la delicada tarea de desenterrar, asegurar y descender el cuerpo congelado —cuyo peso puede llegar a duplicarse debido al hielo acumulado en los tejidos y la indumentaria— recaerá en un equipo de élite compuesto por al menos seis a diez sherpas experimentados que hayan coronado el Everest en múltiples ocasiones.

Los especialistas deberán deslizar los restos manualmente cuesta abajo, enfrentándose en cada tramo a riesgos inminentes de avalanchas, tormentas imprevistas y congelamiento capilar. De acuerdo con estimaciones hechas por fundaciones de montañismo en Nepal, una operación de tal envergadura podría tardar hasta cuarenta días en completarse de principio a fin, exigiendo una inversión financiera superior a los 150.000 dólares.

Cooperación bilateral para un descanso definitivo

Dado que el cuerpo yace en una pequeña cavidad rocosa en la vertiente septentrional del macizo, el éxito de la repatriación no solo dependerá de la destreza física del equipo de rescate, sino también de una refinada coordinación diplomática internacional. El gobierno de la India necesita gestionar permisos de tránsito fronterizo específicos con las autoridades de China para ingresar al Tíbet, movilizar los restos por vía terrestre a través de los pasos de montaña, y luego trasladarlos en un vuelo regular desde Katmandú (Nepal) rumbo a territorio indio.

Si bien las ventanas climatológicas óptimas para este tipo de ascensos suelen ocurrir entre los meses de junio y septiembre, el inicio de la temporada de monzones y las intensas nevadas añaden una capa de incertidumbre al calendario fijado en la licitación. Con este operativo masivo, las autoridades de la India buscan cerrar una dolorosa herida abierta desde 1996 y brindar, finalmente, una sepultura digna y en suelo patrio a uno de sus hombres, retirando a su vez un trágico símbolo que por tres décadas recordó a los visitantes el letal costo humano de desafiar las alturas del planeta.

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