La jornada electoral en Colombia ha cerrado con un panorama de alta tensión institucional y civil en las principales capitales del país. Minutos después de que la Registraduría Nacional del Estado Civil divulgara los primeros datos del preconteo oficial correspondientes a la segunda vuelta de los comicios presidenciales, diversos sectores ciudadanos manifestaron su inconformidad en las calles. Los reportes iniciales indican que el candidato de derecha, Abelardo de la Espriella, obtuvo la victoria sobre el aspirante de izquierda, Iván Cepeda, por un estrecho margen de votos, situación que encendió las alarmas en materia de orden público en los centros urbanos más grandes de la nación.

Las manifestaciones, que comenzaron como concentraciones espontáneas en plazas públicas y vías arterias, mutaron rápidamente hacia confrontaciones directas y bloqueos viales de gran envergadura. Las autoridades político-administrativas debieron desplegar comités extraordinarios de seguridad urbana para contener los brotes de violencia que amenazaban infraestructuras clave del Estado, principalmente los sistemas integrados de transporte masivo de pasajeros.

Caos en la movilidad de la capital y cierre masivo de estaciones

En la ciudad de Bogotá, el descontento por el resultado electoral se tradujo en una parálisis casi total de la movilidad en puntos estratégicos del sur y el oriente de la urbe. Grupos de manifestantes se tomaron las calzadas principales, impidiendo el libre tránsito de vehículos particulares y del sistema público masivo. La empresa TransMilenio se vio obligada a emitir comunicados urgentes para informar a la ciudadanía sobre la suspensión de las operaciones en múltiples troncales debido a la imposibilidad de garantizar la integridad de los usuarios y de los trabajadores del sistema.

De acuerdo con el balance entregado por la compañía de transporte, al menos 23 estaciones del sistema dejaron de prestar servicio de manera temporal. Las mayores complicaciones operativas se concentraron sobre el eje vial de la Carrera 10 con Calle 27 Sur, donde los bloqueos totales obligaron a activar desvíos y retornos preventivos. La empresa especificó textualmente las contingencias aplicadas durante el momento más crítico de la noche: «A la hora manifestantes hacen presencia y bloquean el paso en la Carrera 10 con Calle 27 Sur, en todas las calzadas. Activamos retorno en sector de Bicentenario, dejando de operar temporalmente las estaciones desde San Bernardo hasta el portal 20 de Julio».

A la par de los problemas de movilidad, la situación en los barrios periféricos escaló hacia desmanes que incluyeron la quema de llantas para obstaculizar el acceso de las fuerzas de control y presuntos intentos de afectación contra instalaciones gubernamentales. El alcalde mayor de la capital, Carlos Fernando Galán, compareció ante los medios locales para ofrecer un parte de la situación, confirmando que el cuerpo policial tuvo que intervenir activamente en las localidades de Kennedy y Usme. Según detalló el mandatario local, se registraron conatos de ataque directos contra diversas sedes de la Policía Metropolitana, los cuales afortunadamente lograron ser neutralizados y controlados a tiempo gracias al despliegue oportuno de las unidades de contención.

Vandalismo contra la infraestructura pública en el Valle del Cauca

La situación en el occidente del país no fue distinta a la registrada en la capital de la República. Santiago de Cali experimentó una noche de alta complejidad debido a múltiples desmanes focalizados en distintas comunas de la ciudad, donde grupos descontentos arremetieron contra el mobiliario urbano y los elementos de control vial. Los ataques en esta capital tuvieron un fuerte impacto económico y operativo en el Sistema de Transporte Masivo Integrado de Occidente (MIO).

Los informes consolidados por las autoridades viales y de seguridad ciudadana en Cali dieron cuenta de la destrucción y vandalización de al menos 15 cámaras destinadas al control y monitoreo de la movilidad urbana. Asimismo, el balance físico arrojó afectaciones directas en la estructura de cuatro estaciones del sistema de transporte masivo, el daño severo a un autobús de servicio público y la destrucción de un cajero automático en una zona bancaria de la ciudad.

Frente a la gravedad de las acciones vandálicas que empañaron la jornada democrática, el gobierno departamental adoptó posturas de carácter judicial para agilizar la captura de los implicados. La gobernadora del departamento del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, repudió públicamente los hechos y anunció de forma contundente una recompensa económica de hasta 200 millones de pesos colombianos para cualquier ciudadano que suministre información verídica que permita identificar y judicializar a los autores materiales e intelectuales de estos destrozos a los bienes públicos. Las autoridades civiles enfatizaron que el derecho a la protesta legítima no puede justificar la destrucción de los sistemas de transporte que usan a diario los ciudadanos de menores ingresos.

Entérate con El Expreso