El último fin de semana de abril cerró con los execrables actos de terrorismo entre los
departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca, dejando un saldo lamentable de 21
civiles muertos y otros más heridos de gravedad, un sinnúmero de daños materiales y
afectaciones estructurales en las vías de estos tres departamentos.
Puesto que estamos en campaña presidencial, la derecha ha instrumentalizado la situación para sacar ventaja en las encuestas alegando que esta situación cambiará si ellos vuelven a la Casa de Nariño; por el contrario, algunos sectores afines al Gobierno siguen considerando que se trata de un sabotaje liderado por un sector opositor. Realmente, a la fecha no tenemos registro formal de que los candidatos presidenciales y sus afines estén involucrados en tan espeluznante acción, y mucho menos que haya un Gobierno capaz de terminar con esta situación en 90 días, como lo sugiere uno de los candidatos.
Así las cosas, ¿Cómo podríamos interpretar estos eventos que han empañado la esperanza de varias familias y nos devuelven a la insoportable tragedia de la violencia? De antemano, es fundamental superar el discurso especulativo que flaco favor le hace a la democracia y más bien concentrarse en las particularidades. En tal virtud, me permito nombrar al menos 5 aspectos que deberían servirnos para comprender la situación actual.
Lo primero es que este tipo de situaciones no son novedosas; por el contrario, cada cuatro años los vivimos. Así las cosas, más bien se podría interpretar como una demostración de poder por parte de las organizaciones criminales que están en negociación o que podrían entrar en una. Sin importar si es un gobierno de derecha o de izquierda, esta ha sido la constante; de allí que, a Santos, Duque y Petro, el ELN, el Clan del Golfo, Las disidencias de Calarcá y Mordisco y otras agrupaciones criminales, recurran a la demostración de fuerza y hegemonía militar en los territorios en los que tienen capacidad de acción. Para nuestra gran tristeza, nuevamente es el Cauca y su frontera con Nariño y Valle.
Lo segundo es que, aunque lo ocurrido tuvo mucho impacto, no fue nacional sino regional y se concentró en un área en disputa con la institucionalidad que ha recibido el respaldo de organizaciones sociales indígenas, afros, negras, campesinas y de la sociedad civil; esto quiere decir que el cerco a las estructuras armadas ilegales de Mordisco está cada vez más fuerte, pero no lo suficiente como para que hayan perdido su capacidad de acción, y es quizá este uno de los puntos más importantes para abrir dos asuntos más: el de la Paz Total y el de la estrategia militar.
Por ello, como tercero, debemos cuestionar la Paz Total. Y es que los logros de cualquier programa pensado para hacer la paz deben ser reconocidos; sin embargo, en esta experiencia, las cifras no son favorables. De acuerdo con instituciones como Fundación Ideas para la Paz, los grupos armados y las diferentes formas de violencia que ejercen en los territorios no paran de crecer (1); de allí que tengamos que aceptar que la Paz Total no ha logrado tocar la capacidad de maniobrabilidad de estas estructuras y más bien ha facilitado su rearme, organización y expansión. Sin lugar a duda, se trata de un fracaso sumamente preocupante ya que devela la ingenuidad del Gobierno, la terquedad del presidente y facilita el repunte estúpido (2) de un sector de la oposición que solo quiere ver fracasado a Petro.
El cuarto aspecto también corresponde al Gobierno. Y es que, aunque las mejoras en las condiciones salariales y el incremento del pie de fuerza es un hecho, esto no ha sido suficiente para comprender los alcances que tiene la guerra actual. Hoy no se lucha contra revolucionarios; por el contrario, es una guerra por territorios, rentas y poder local y regional, incluso algunos de estos grupos tienen más presupuesto que el mismo MinDefensa (3); por eso, esta guerra se gana con inteligencia y no precisamente con tropas en el terreno, porque eso es llevar gente a la muerte. Por un momento preguntémonos por la capacidad de disuasión de las fuerzas militares y claro está, el rápido cumplimiento de las obligaciones estatales en los territorios; esto es, materializar lo que establece la constitución política.
Finalmente, como quinto asunto, debemos considerar que este conflicto no puede seguir interpretándose como una guerra entre buenos y malos; más bien se trata de un
problema multiescalar y multidimensional, lo que quiere decir que están en juego factores como la geografía, la trayectoria histórica de las agrupaciones y su relación con la población civil, los valores dominantes, la idea de democracia y posibilidades de
participación política, el cumplimiento de los acuerdos de paz firmados en el 2016, la capacidad de respuesta institucional a las demandas sociales, el poder de las rentas lícitas e ilícitas, los imperativos categóricos que ha establecido el gobierno para llegar a una mesa de negociación, etc.
Urge, por el bien del país, que los candidatos presidenciales asuman la responsabilidad del liderazgo. Colombia no puede seguir eligiendo con bombazos y miedo; la agenda nacional tiene que superar esta dimensión y abrir paso a otros asuntos que exigen atención; a manera de ejemplo, la violencia urbana, el cambio climático, la adaptación a las nuevas tecnologías, la ciencia, tecnología e innovación, la dignidad laboral, la movilidad social ascendente, la inflación, la competitividad, el déficit habitacional, etc.
Para tal fin, es hora de volver la mirada a la historia regional del conflicto armado, es
menester establecer unos imperativos categóricos que establezcan no negociables, no se puede seguir combatiendo a los criminales asignándoles estatus político y mucho menos, considerar que cada negociación concluida mantenga la puerta ajustada para nuevas negociaciones.
Dato no pedido: el pasado 24 de abril se llevó a cabo en la UTP un evento académico
liderado por el programa de Ciencias Sociales con apoyo de CLACSO y la valiosa presencia de los delegados de la ARN, la Policía Nacional, la Defensoría del Pueblo, la Contraloría y otras instituciones del Estado. Lastimosamente, la denuncia legítima de un colectivo estudiantil terminó empañando el evento e impidiendo que se escuchara a estas instituciones respecto a cómo va la implementación del acuerdo de paz en nuestro territorio. A título personal, un tiro en el pie. Habría sido muy interesante escuchar a los delegados y delegadas de las instituciones.
- Aumento del 23% en miembros de grupos armados y récord en disputas: el deterioro de la seguridad marca el inicio de 2026, en: https://ideaspaz.org/publicaciones/investigaciones-analisis/2026-01/27-000-
combatientes-y-record-en-disputas-el-deterioro-de-la-seguridad-marca-el-inicio-de-2026 - De acuerdo con el teólogo judío-alemán, Dietrich Bonhoeffer, la estupidez no es falta de inteligencia, sino la renuncia consciente al pensamiento crítico. Esta manera de evaluar las experiencias cotidianas suele propagarse en contextos de presión social y propaganda de ideologías extremistas. Lo más grave del asunto es que la estupidez, al ser inmune a la razón, considera siempre que lo que hace es lo correcto. Para ver un poco más: https://bigthinkmedia-substack-com.translate.goog/p/bonhoeffers-theory-of-stupidity-
we?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc&_x_tr_hist=true - Rentas criminales en Colombia ascienden a 40,5 billones de dólares anuales: más que el Presupuesto General de la Nación, en: https://www.elcolombiano.com/colombia/finanzas-ilegales-rentas-criminales-405-
billones-dolares-supera-presupuesto-general-nacion-NF34755329

