La reciente revelación sobre el Viceministro de las TIC, Andrés López, ha sacudido los cimientos del ecosistema digital en Colombia. Se le acusa de haber coordinado a un grupo de influenciadores para respaldar la aspiración presidencial de Iván Cepeda (quien también es conocido como Iván Cepeda Castro), presuntamente bajo órdenes directas de la Casa de Nariño. Este movimiento, orquestado desde grupos de WhatsApp originalmente destinados a la gestión pública, pone en duda la neutralidad del Estado en la contienda electoral.

Meta descripción: Escándalo en el Ministerio TIC por presunta coordinación de influenciadores para Iván Cepeda bajo órdenes de Petro. Detalles del rol de Simón Rodríguez.

Como alguien que sigue de cerca el pulso de las comunicaciones en el país, resulta impactante ver cómo las estructuras que antes promocionaban «resultados con dignidad» se transforman en motores de proselitismo. El papel de los activistas digitales ha dejado de ser un complemento para convertirse en el eje central de las campañas modernas. El periodismo político actual no puede ignorar el peso de estas «bodegas» que ahora parecen tener una línea directa con el alto gobierno.

En este complejo entramado, el nombre de Simón Rodríguez Oramas resalta como la pieza que une el pasado de la campaña de Petro con el presente de Cepeda. Rodríguez Oramas, hijo del director de la UNP, Augusto Rodríguez, ha sido señalado como el nuevo coordinador digital de la campaña. Su salida de la Casa de Nariño, apenas unos días antes de asumir este nuevo rol, ha generado un mar de suspicacias sobre si realmente se ha cortado el cordón umbilical con el sector público.

La gravedad de estas acusaciones radica en la posible participación indebida en política por parte de funcionarios que son ordenadores de gasto. El viceministro Andrés López, una figura clave en el entorno de confianza del presidente, se encuentra hoy bajo la lupa de la opinión pública y las autoridades. No es solo un chat; es la evidencia de una estrategia que busca mover la balanza electoral desde los despachos oficiales utilizando a creadores de contenido alineados con el proyecto oficialista.


¿Cómo operaba la coordinación digital desde el Ministerio TIC hacia la campaña de Iván Cepeda?

El esquema de comunicación revelado se basaba en la utilización de grupos de WhatsApp preexistentes que funcionaban como canales de difusión gubernamental. Según testimonios recolectados por fuentes periodísticas de alta credibilidad, el viceministro de las TIC utilizaba estos espacios para bajar línea sobre la narrativa que los influenciadores debían adoptar. No se trataba de sugerencias casuales, sino de instrucciones que, según el propio López en sus mensajes, provenían del Presidente Gustavo Petro.

Dentro de estos grupos participaban figuras de gran alcance en redes sociales, conocidos por su lealtad al Pacto Histórico. La estrategia incluía desde la definición de la línea gráfica hasta el impulso de enfrentamientos digitales con figuras de la oposición, como la candidata Paloma Valencia. Este nivel de organización demuestra que la llamada «tropa digital» es un cuerpo disciplinado y coordinado que responde a mandatos centrales para amplificar la imagen de ciertos candidatos.

La presencia de contratistas y funcionarios activos en estos chats agrava la situación ética y legal. Figuras como Celso Tete Crespo o Germán López han estado en el centro de esta dinámica, donde la frontera entre el activismo ciudadano y la función pública se vuelve peligrosamente borrosa. El periodismo de investigación ha logrado confirmar que la logística digital es ahora una extensión de la burocracia estatal puesta al servicio de intereses electorales específicos.

Es fascinante, y a la vez preocupante, observar cómo se diseñan estos «cara a cara» digitales para generar viralidad. El contenido no surge de forma espontánea; es producto de una planificación que busca explotar las tendencias y los algoritmos para favorecer a la fórmula de Iván Cepeda y Aida Quilcué. Esta coordinación sistemática es lo que permite que una narrativa se vuelva dominante en cuestión de horas en las plataformas sociales.

A pesar de que el viceministro niega tener un rol activo en la campaña, los mensajes enviados a finales de marzo sugieren lo contrario. La designación de un coordinador que apenas terminaba sus funciones en Palacio refuerza la idea de una transición planificada. La opinión pública ahora se pregunta si el Estado está financiando, directa o indirectamente, la infraestructura digital que sostiene estas candidaturas.


¿Quién es Simón Rodríguez Oramas y cuál es su impacto en la estrategia de Iván Cepeda?

Simón Rodríguez Oramas no es un desconocido en los pasillos de la Casa de Nariño ni en las estrategias de comunicación del petrismo. Como politólogo e hijo de uno de los hombres más cercanos al presidente, su trayectoria está ligada al éxito digital de la campaña presidencial de 2022. Su llegada a la campaña de Iván Cepeda representa el traslado de la experticia digital del más alto nivel hacia el equipo del senador, buscando replicar el modelo de movilización que llevó a Petro al poder.

Rodríguez Oramas trabajó en el equipo digital de la Presidencia hasta mediados de abril, y su renuncia coincide perfectamente con el inicio de sus labores de coordinación para el senador. Sin embargo, existen testimonios que aseguran que continuó ejerciendo funciones en Palacio incluso después de su supuesta salida. Este solapamiento de roles es lo que hoy tiene a la ministra TIC, Carina Murcia, prometiendo investigaciones internas para esclarecer el comportamiento de sus subalternos.

El equipo de Iván Cepeda ha defendido la vinculación de Rodríguez Oramas, calificándola como un proceso legítimo de estructuración de piezas publicitarias. Sin embargo, para el observador crítico, es imposible no conectar los puntos entre su pasado con Sebastián Guanumen —famoso por la frase de «correr la línea ética»— y su actual labor. La capacidad de Rodríguez para articular a los influenciadores es vista como un activo invaluable para un candidato que, hasta hace poco, parecía relegado en el ecosistema digital.

La relación entre el viceministro López y Rodríguez Oramas es de larga data; ambos son considerados los guardianes de las «llaves de la bodega». Su compromiso con el proyecto político es innegable, pero es precisamente ese fervor lo que hoy los pone en una situación legalmente comprometida. La transferencia de talento desde el corazón del Gobierno hacia una campaña en curso es una táctica que desafía los estándares de transparencia exigidos por la ley colombiana.

Finalmente, la integración de estos perfiles en la campaña busca cerrar la brecha entre el círculo tradicional de prensa del senador y el vibrante, aunque caótico, mundo de los activistas digitales. La meta es clara: convertir a Iván Cepeda en un fenómeno de redes sociales capaz de competir en un terreno donde la emoción y el impacto visual suelen derrotar al debate de ideas tradicional.


¿Qué consecuencias legales y políticas enfrentan los implicados tras la filtración de los chats?

La situación ha escalado a tal punto que el propio Iván Cepeda ha tenido que salir a desmarcarse públicamente de las actuaciones del viceministro López. A través de sus redes sociales, el senador manifestó que ningún servidor público debe intervenir en actividades proselitistas. Este rechazo parece una medida de contención para proteger su campaña de las posibles investigaciones de la Procuraduría, que suele ser implacable con el uso de recursos públicos en política.

Por su parte, la ministra Carina Murcia ha calificado los hechos como «muy graves». La posibilidad de que un viceministro esté dando órdenes a una tropa digital por instrucción presidencial abre un debate sobre el abuso de poder y la violación de las leyes de participación política. El Gobierno de Gustavo Petro se enfrenta ahora a un nuevo cuestionamiento sobre su coherencia ética, especialmente tras haber criticado prácticas similares en administraciones pasadas.

La defensa de Andrés López se ha centrado en el olvido selectivo y en la justificación de que sus mensajes buscaban «evitar una indebida participación», una explicación que resulta poco convincente frente a la contundencia de los textos filtrados. La presión política no solo recae sobre él, sino sobre la estabilidad de la cartera de las TIC, que debería estar enfocada en la conectividad del país y no en la coordinación de influenciadores para campañas aliadas.

Este escándalo también afecta la credibilidad del colectivo «Activistas del Cambio», fundado por López y otros aliados cercanos. Si se demuestra que esta organización es el brazo digital financiado por el Estado para fines electorales, las repercusiones podrían llegar hasta el Consejo Nacional Electoral. La transparencia en el financiamiento y la operación de las campañas es un pilar de la democracia que hoy se siente vulnerado.

¿Podrá el gobierno mantener su narrativa de cambio mientras sus altos funcionarios son señalados de coordinar estrategias electorales desde sus despachos oficiales? El desenlace de esta historia determinará no solo el futuro de una campaña, sino la confianza de los ciudadanos en la integridad de las instituciones digitales del país.

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