La salud de James Rodríguez encendió las alarmas tras confirmarse que estuvo hospitalizado durante tres días en Estados Unidos por un cuadro de deshidratación severa, situación que lo dejó fuera de competencia y generó preocupación en el entorno de la Selección Colombia.
El episodio se presentó después de un compromiso amistoso, cuando el jugador comenzó a sentirse mal y requirió atención médica inicial en el camerino. Posteriormente, fue trasladado a Minnesota, donde permaneció bajo observación clínica entre lunes y miércoles, según la información conocida.
En un primer momento, la Federación Colombiana de Fútbol informó que el mediocampista padeció una deshidratación severa de origen no deportivo, descartando cualquier relación con lesiones musculares o con su actividad en el campo. El reporte oficial indicó que la hospitalización fue preventiva y que el jugador mostró evolución favorable.
Sin embargo, la situación se vio rodeada de especulaciones luego de que en redes sociales y algunos medios se hablara de una supuesta enfermedad grave, incluyendo la posibilidad de rabdomiólisis, lo que aumentó la incertidumbre sobre su estado de salud.
Ante estas versiones, fuentes cercanas al jugador y a la Federación desmintieron de manera categórica esos señalamientos y aclararon que la causa real del cuadro fue una virosis estomacal que derivó en la deshidratación que obligó su ingreso a un centro médico.
Tras recibir el tratamiento correspondiente, el futbolista fue dado de alta y actualmente se encuentra en su residencia, en proceso de recuperación. Debido a esta situación, no entrenó ni fue tenido en cuenta por su equipo en el más reciente compromiso oficial.
Por ahora, su evolución es favorable y se mantiene bajo seguimiento, mientras se espera su regreso progresivo a la actividad deportiva, en un contexto en el que se busca evitar cualquier riesgo adicional para su salud.

