Las poblaciones de aves en Estados Unidos atraviesan una crisis cada vez más profunda. Un estudio publicado en la revista científica Science revela que más de la mitad de las especies analizadas han reducido sus poblaciones en las últimas décadas, y en muchos casos el ritmo de ese descenso se está acelerando. La investigación analizó las tendencias de las poblaciones aviares entre 1987 y 2021 y ofrece uno de los análisis más completos hasta la fecha sobre el estado de la avifauna en el país.
Según los resultados del estudio, 122 especies —el 47% de las analizadas— presentan descensos significativos en sus poblaciones, y dentro de ese grupo 63 especies muestran además una aceleración en la caída de sus números. La investigación fue realizada a partir de datos recopilados durante décadas por la United States Geological Survey, dentro de la Encuesta sobre Aves Reproductoras de América del Norte. La ecóloga Marta A. Jarzyna, investigadora de la Ohio State University y coautora del estudio, explica que el fenómeno se observa en prácticamente todo el territorio norteamericano, aunque con diferencias entre regiones.
El estudio indica que las aves migratorias y las especies que dependen de humedales se encuentran entre las más vulnerables; Estas especies suelen depender de ecosistemas muy sensibles a los cambios del territorio y a las transformaciones del paisaje.
En contraste, algunas aves forestales han mostrado tendencias más estables, con excepciones como la tórtola turca, una especie originaria de Europa, Asia y el norte de África que se expandió en América del Norte desde la década de 1970. Los investigadores señalan que la intensificación agrícola podría ser uno de los factores más influyentes en este declive.
Entre los procesos que afectan a las aves se encuentran: la pérdida o degradación de humedales por drenaje agrícola, la escorrentía de nutrientes procedentes de fertilizantes, la conversión de hábitats naturales en terrenos agrícolas Diversos estudios también han encontrado una correlación entre el uso de agroquímicos y el descenso de poblaciones de aves.
En particular, los científicos destacan los pesticidas neonicotinoides, compuestos que pueden afectar directamente a las aves y también reducir la disponibilidad de insectos que sirven de alimento. El comportamiento migratorio es otro factor relevante; Las especies que realizan migraciones de larga distancia enfrentan presiones en múltiples regiones y estaciones del año, lo que aumenta el riesgo de pérdida poblacional.
Además, las aves con dietas muy especializadas, como muchas insectívoras, pueden verse especialmente afectadas por la disminución de sus fuentes de alimento. Un ejemplo es el zorzal robín, cuya dieta depende en gran medida de invertebrados como escarabajos y orugas, organismos que pueden disminuir en paisajes agrícolas intensivos.
La preocupación por la disminución de las aves en Estados Unidos no es nueva. En 2019, una investigación liderada por el científico Peter P. Marra estimó que alrededor de 2.900 millones de aves han desaparecido en el país desde 1970, lo que representa cerca del 29% de la población total. El nuevo estudio amplía ese diagnóstico al analizar 261 especies en más de mil rutas de monitoreo, con recuentos anuales realizados durante décadas.
Los investigadores señalan que el problema no se debe a un único factor. El estudio sugiere que la agricultura intensiva y el cambio climático pueden interactuar, amplificando el impacto sobre las poblaciones de aves, especialmente en las regiones que experimentan mayor calentamiento.
Por ello, los científicos concluyen que la conservación de las aves requiere abordar múltiples presiones ambientales al mismo tiempo, desde la gestión agrícola hasta la protección de los ecosistemas naturales. Comprender dónde y por qué se acelera el declive, explican los expertos, permitirá diseñar estrategias de conservación más eficaces para frenar la pérdida de biodiversidad.

