Oculto bajo casi dos kilómetros de agua en el océano Pacífico, el Macizo Tamu se ha convertido en una de las estructuras volcánicas más extraordinarias estudiadas por la geología moderna. Su tamaño colosal y su compleja formación han obligado a los científicos a replantear algunas ideas sobre el vulcanismo y la formación de la corteza oceánica.
Ubicado en la región de Shatsky Rise, al este de Japón, este gigantesco macizo submarino presenta dimensiones comparables a territorios enteros y continúa siendo objeto de investigaciones científicas.
Los estudios geofísicos revelan que el macizo Tamu es una estructura de escala gigantesca. Sus principales características incluyen:
- Área aproximada: 310.000 km²
- Extensión del domo volcánico: cerca de 450 por 650 kilómetros
- Altura total de la estructura: unos 4.460 metros
- Profundidad de la cima: alrededor de 1.980 metros bajo la superficie del océano
Estas cifras lo convierten en una de las mayores formaciones volcánicas conocidas en la Tierra.
Para dimensionar su tamaño, los científicos señalan que es unas 60 veces mayor que el volcán hawaiano Mauna Loa, uno de los volcanes activos más grandes del planeta.
Durante décadas, los investigadores pensaban que la región estaba formada por varios volcanes más pequeños agrupados.
Sin embargo, una investigación dirigida por el geofísico William Sager, de la Texas A&M University, cambió esa interpretación.
En 2013, un estudio publicado en la revista Nature Geoscience propuso que la estructura podría ser un único volcán gigantesco formado por erupciones efusivas desde un punto central.
El hallazgo generó gran interés en la comunidad científica y llevó a algunos investigadores a comparar su escala con la del Monte Olimpo, el volcán más grande conocido del sistema solar.
Investigaciones posteriores ampliaron la comprensión sobre la formación del macizo.
En 2019, una expedición científica realizada a bordo del barco RV Falkor, del Schmidt Ocean Institute, realizó un mapeo detallado del fondo oceánico.
Durante esta misión se recopilaron casi dos millones de mediciones magnéticas, que revelaron un patrón inesperado: bloques de corteza con polaridades magnéticas opuestas organizadas en franjas lineales.
Este patrón es típico de los procesos de expansión del fondo oceánico, lo que sugiere que el macizo Tamu no sería un volcán aislado, sino una estructura formada por actividad volcánica asociada a una antigua dorsal tectónica.
Las perforaciones científicas realizadas durante la International Ocean Discovery Program permitieron obtener muestras de roca del interior del macizo.
Los científicos extrajeron flujos de basalto de hasta 23 metros de espesor, evidencia de erupciones volcánicas extremadamente intensas durante el Jurásico tardío, hace aproximadamente 145 millones de años.
Según los estudios geológicos, la formación del macizo se produjo en una triple unión tectónica, un punto donde tres placas tectónicas se separaban simultáneamente.
Entre los procesos que contribuyeron a su formación se incluyen:
- la separación simultánea de tres placas oceánicas
- fracturas profundas que permitieron el ascenso del magma
- la interacción entre una pluma del manto y una dorsal oceánica
- el desarrollo de raíces corticales profundas
Hoy en día, el macizo Tamu se considera un laboratorio natural clave para estudiar el vulcanismo submarino y la evolución de la corteza oceánica.
Los datos sísmicos, magnéticos y geológicos sugieren que grandes mesetas volcánicas oceánicas pueden formarse mediante la expansión del fondo marino, un mecanismo que complementa o incluso cuestiona algunos modelos clásicos basados únicamente en plumas del manto.
Mientras las expediciones científicas continúan explorando la región, este gigantesco volcán submarino permanece en silencio bajo el Pacífico, pero su estudio sigue aportando información crucial sobre los procesos geológicos que moldearon el planeta.

