reencausar el conocimiento mao
Credito: Christian Orrego

«No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.»
-Juan 7:24

Existe una circunstancia que viene generando una inquietud desde hace ya algún tiempo y ocurre cada que aparece una noticia sobre algún homicidio en Pereira, porque pareciera o queda la impresión y la sensación de que la investigación ya estuviera resuelta antes de comenzar.

Aclaro: no me refiero a las capturas ni escribo sobre las pruebas. Hablo de esas historias, comentarios y publicaciones mediáticas que empiezan a construirse cuando apenas se está iniciando el levantamiento y las autoridades todavía recolectan las evidencias, con el lugar de los hechos aún acordonado.

Tampoco escribo estas líneas para defender delincuentes o infractores de la ley, porque quien comete un delito debe responder ante la justicia, ese no es el debate, de este articulo, el verdadero cuestionamiento es otro.

¿Por qué, apenas ocurren los hechos, inician las versiones con presuntos alias, antecedentes judiciales, investigaciones o que son ajustes de cuentas?, ¿Cómo es posible que cuando aún la escena del crimen está siendo procesada, la conversación pública ya parezca haber decidido quién era la víctima y por qué murió?.

No estoy asegurando que esa información siempre sea falsa, tampoco afirmo que toda persona asesinada sea inocente de cualquier conducta anterior. Lo que sí es realmente preocupante es que, en ocasiones, pareciera que el pasado de la víctima, terminara reemplazando la obligación de esclarecer su muerte.

Durante los últimos meses se han visto casos que han generado precisamente esa inquietud. Incluso se han presentado casos donde los familiares han tenido que salir públicamente a pedir que, antes de señalar antecedentes o cuentas pendientes con la justicia, se investiguen los hechos y prime la verdad, esa petición debe ser considerada completamente normal.

En este punto también deseo reiterar que una cosa es informar, comunicar y transmitir una información, pero otra muy distinta es etiquetar, señalar e imputar conductas penales sin tener sentencia judicial en firme del asunto planteado. Una sociedad comienza a perder sensibilidad cuando deja de preguntar quién disparó para concentrarse únicamente en averiguar quién era el que cayó.

Así que los antecedentes judiciales — cuando realmente existen— no convierten un homicidio en un caso resuelto y mucho menos liberan al Estado y a las demás entidades de su deber de investigar con rigor, identificar responsables y garantizar justicia, porque la vida humana no vale más o menos según una hoja de vida judicial.

También debemos tener en cuenta un aspecto altamente preocupante, porque vivimos tiempos en los que una publicación, un rumor o una información imprecisa marcan a una persona durante años.

Los líderes sociales, comunitarios, defensores de causas ciudadanas o cualquier persona expuesta públicamente sabemos que la desinformación puede convertirse en una condena anticipada. Y cuando eso ocurre, el riesgo es enorme. Por eso es inevitable preguntarnos: si algún día llegáramos a ser víctimas de un delito, ¿Cuántos ya habrían construido una explicación antes de que existiera una investigación? Esa realidad, lejos de fortalecer la justicia, la debilita.

Cuando las etiquetas reemplazan las pruebas, dejamos de buscar la verdad para conformarnos con la versión más rápida, más conveniente y más cómoda. Porque la violencia no solo mata cuando alguien aprieta un gatillo; también hace daño cuando logra que una sociedad deje de hacerse preguntas, de cuestionar lo que escucha y de interpelarse antes de emitir un juicio.

Como seres humanos, como sociedad no podemos acostumbrarnos a que un homicidio encuentre explicación antes que responsables, no podemos permitir que la dignidad de una persona dependa del titular sensacionalista que aparezca primero y no podemos aceptar que investigar sea menos importante que señalar.

Porque hoy la víctima fue otro, pero vale la pena hacerse una pregunta incómoda. Si mañana el muerto fuera alguien de su familia… ¿le bastaría con que dijeran que tenía un alias, unos antecedentes o que fue un supuesto ajuste de cuentas, o exigiría que la verdad fuera investigada hasta el final?.

Debemos entender que la justicia comienza exactamente ahí, cuando como sociedad entendemos que toda vida merece verdad, y que ningún homicidio debe explicarse antes de ser esclarecido.

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