El Estado de derecho representado por el voto popular y la elección en libertad y orden posee simbolismo que legitima la democracia como institución de control y proyección social. Lo anterior representado en la urna democrática para determinar la elección voluntaria de la autoridad, que no fomenta solo el uso de las armas en manos privativas del Estado, sino la manera en cómo se relaciona el poder para legitimar las fuerzas milicianas y las acciones que desde la presidencia puedan proceder.
La democracia, la libertad y el orden están expresados en la voluntad popular a través de los simbolismos dados por los tres poderes: Poder Ejecutivo (gobierna y administra), el Poder Legislativo (crea y reforma las leyes) y el Poder Judicial (imparte justicia), lo cual controla y orienta que el presidente se debe a la ciudadanía y a las instituciones simbólicas que sostienen la constitución y la ley. De este modo, es ante el congreso en pleno y en la casa de la nación donde el comandante en jefe, bajo la voz serena, la mirada vigilante de la legislación y el ánimo álgido de la ciudadanía, debe jurar cumplir la constitución y las leyes que legislan a su pueblo gobernado.
Se debe tener en cuenta que las estrategias militares sientan las bases de la organización gubernamental interna para asegurar un Estado estable y próspero: Estado integral, desde la elección ciudadana y las instituciones, no solo desde el presidente, el cual se debe a la voluntad civil. De este modo, la pérdida del marco disciplinado en la constitución política que posee el marco legislativo de la seguridad para las fuerzas armadas permea la protección de los connacionales de amenazas internas como externas.
Por ende, estimar una acción política-simbólica afecta la confianza en la institución militar legitimada por los colombianos, augura un ánimo de totalitarismo y pone en disyuntiva el marco civil de las fuerzas armadas desde su propio comandante en jefe entrante, el cual debe prestar honor, apoyo y moral a las tropas desde su acción como presidente en propiedad después del acto simbólico de consolidación electoral; de este modo prevalecería la seguridad, la democracia y la confianza en las instituciones. La posesión presidencial debe ser representada ante el pueblo en el congreso: la voluntad civil es transversal a la vida política, militar y democrática.
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