Hoy las redes sociales están repletas de políticos hablando sobre la barbería, como si formaran parte de ella, como si este arte milenario hubiera emergido de la nada, pero no es así, han pasado años, donde la barbería de manera silenciosa a forjado su propia historia en el esfuerzo constante, en la lucha cotidiana de cada barrio como el escenario donde se ha forjado, la barbería no es una tendencia pasajera, un juego o un capricho del momento, es arte, es cultura, es la herramienta de transformación social que ha sustentado familias, es un canal de orientación para muchos jóvenes, que surgió desde lo habitual, lejos de las corrientes y los ruidos.
Los que estamos dentro, sabemos que debe existir disciplina, técnica, constancia, perseverancia, por eso incomoda ver a tantos hablando con presunta autoridad desde el desconocimiento de algo que no han vivido, porque la barbería no se aprende de discursos ajenos, se experimenta.
Como dice la escritura Proverbios 31: “31 Dadle del fruto de sus manos, Y alábenla en las puertas sus hechos”, así que lo justo, es reconocer a quien sí ha hecho el trabajo, el Gobernador Juan Diego Patiño, quien puso este oficio en el mapa, no con discursos populistas buscando ganar espacios y adeptos, sino con Palabras sustentadas con acciones contundentes y eso sí marca una distancia evidente, frente a todos aquellos quienes hoy reciclan discursos vacíos, para colgarse de algo que nunca han contribuido a construir; el problema no es que hablen de la barbería; el problema es hacerlo sin un compromiso real y peor aún, sin haber vivido los procesos, ni aportar a los mismos.
Este sector no necesita aplausos y verborrea momentánea, ni menciones convenientes; necesita compromiso real, formación, herramientas y respaldo constante; todo lo demás es ruido y bla, bla, bla, porque desde una barbería no solo se recorta cabello, se asesora imagen y estilo, también se sostienen vidas, se enderezan caminos y se construye carácter, es un espacio donde se habla sin filtro y se aprende a punta de constancia.
Por eso, menos discurso y más acción, menos vitrina y más trabajo serio; porque la barbería no es un tema para usar cuando conviene, está cultura es una realidad que muchos han tenido que levantar desde cero Y quienes hoy la toman como bandera sin ser parte de los procesos, solo la están pisoteando, así que es buen momento para aclararles una cosa, este oficio no se improvisa, no se adorna y no se presta para show; es una construcción diaria de esfuerzo, respeto, constancia, pero sobre todo, donde se aprende a no saltarse los rangos, a respetar la jerarquía de los que trochamos la calle, a lo largo y ancho del departamento y del país, contribuyendo a su formación.

