Hace dos años, Mark Zuckerberg se disculpó ante padres que vinculaban la muerte de sus hijos al entorno digital creado por sus plataformas. La escena ocurrió en una audiencia en el Capitolio y dejó a muchos familiares con la esperanza de que algo cambiaría.

Para Joann Bogard, madre de Mason —quien murió a los 15 años tras intentar el “choking challenge” que, según ella, conoció en YouTube— aquel momento parecía un punto de inflexión. “Pensé que ver todas esas fotos de niños fallecidos iba a ser abrumador y generaría un cambio”, dijo. “Pero solo está empeorando”.

Este miércoles, Zuckerberg volverá a enfrentar a familias en duelo cuando testifique en un juicio histórico en Los Ángeles. Será la primera vez que el director ejecutivo de Meta declare ante un jurado por denuncias relacionadas con la seguridad juvenil en sus plataformas.

El proceso judicial surge de la demanda presentada por una joven identificada como “Kaley” y su madre. La acusación sostiene que Meta y YouTube diseñaron deliberadamente funciones adictivas que la engancharon cuando era menor de edad, afectando gravemente su salud mental.

El caso es el primero de más de 1.500 demandas similares que llega a juicio. Si el jurado falla a favor de la demandante, podría abrir la puerta a responsabilizar a las compañías por decisiones de diseño consideradas perjudiciales, superando años de litigios en los que las tecnológicas se han amparado en la protección de la Sección 230, que limita la responsabilidad de las plataformas por contenidos publicados por terceros.

Un portavoz de Meta ha rechazado las acusaciones y afirmó que las pruebas demostrarán su “compromiso de larga data con apoyar a los jóvenes”.

Tras la disculpa pública de Zuckerberg en 2024, Meta implementó “cuentas para adolescentes”, configuraciones de privacidad predeterminadas y restricciones de contenido para menores de 18 años. Sin embargo, varios padres argumentan que estas herramientas trasladan demasiado la responsabilidad a las familias.

El testimonio del CEO probablemente se centrará en si las medidas adoptadas por la empresa fueron “razonables” y suficientes para proteger a los menores.

La joven demandante comenzó a usar YouTube a los seis años e Instagram a los nueve, según su abogado. A los 16 llegó a pasar más de 16 horas diarias en Instagram. Afirma que desarrolló ansiedad, dismorfia corporal y pensamientos suicidas, además de sufrir acoso y sextorsión en la plataforma.

La defensa de Meta sostiene que los problemas de salud mental de la joven no se deben a las redes sociales, sino a circunstancias familiares complejas.

Meta también enfrenta otro juicio en Nuevo México, donde se le acusa de haber creado un entorno propicio para depredadores sexuales y de exponer a menores a material explícito. Además, este año comenzará el primero de cientos de casos presentados por distritos escolares, en una estrategia que recuerda a los juicios contra la industria tabacalera en los años noventa.

En el caso de Kaley, también fueron demandadas Snap Inc. y TikTok, aunque ambas llegaron a acuerdos antes de que iniciara el juicio.

Documentos internos presentados en el litigio han generado interrogantes adicionales. Un análisis del Knight-Georgetown Institute señala que Meta identificaba a los “tweens” —niños de 10 a 12 años— como un grupo especialmente valioso por su probabilidad de permanencia a largo plazo en la plataforma. El mismo informe cuestiona la efectividad real de algunas herramientas de supervisión parental promovidas públicamente por la empresa.

Para muchas familias, el juicio representa algo más que una compensación económica. Julianna Arnold, cuya hija de 17 años murió tras consumir una pastilla con fentanilo vendida por un hombre que conoció en Instagram, afirmó que buscan que los ejecutivos “suban a testificar y realmente conocer la verdad de lo que ocurrió”.

El resultado del proceso podría redefinir la responsabilidad legal de las plataformas digitales en la protección de menores. Lo que está en juego no es solo el futuro de Meta, sino la forma en que la industria tecnológica equilibra diseño, crecimiento y seguridad en la era de la hiperconectividad.

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