kung fu y robotica la puesta en escena tecnologica del ano nuevo chino default
Credit: Associated press

Cada año, cientos de millones de personas en China siguen por televisión la Gala de la Fiesta de la Primavera, un espectáculo emitido desde 1983 que el Guinness World Records reconoce como el programa anual más visto del mundo. Más que un evento de entretenimiento, la gala funciona como escaparate cultural y político. Y en su edición más reciente, los protagonistas inesperados fueron robots humanoides capaces de ejecutar movimientos de kung-fu con precisión milimétrica.

Lejos de limitarse a una aparición simbólica, los robots participaron en una coreografía inspirada en las artes marciales tradicionales chinas. En la transmisión de CCTV, los androides empuñaron espadas y nunchakus, realizaron acrobacias y saltos desde trampolines y compartieron escena con intérpretes humanos en secuencias perfectamente sincronizadas.

La elección del kung-fu no fue casual. Las artes marciales representan uno de los símbolos culturales más reconocibles del país. Integrar robots en ese lenguaje escénico permitió presentar el avance tecnológico dentro de una tradición familiar para la audiencia masiva, fusionando identidad cultural y narrativa industrial.

La Gala de la Fiesta de la Primavera no es un simple show televisivo. Por su alcance, suele compararse con el Super Bowl estadounidense en términos de impacto mediático. Lo que aparece allí no solo entretiene: proyecta prioridades nacionales.

La presencia de robots humanoides en ese contexto puede leerse como una declaración pública sobre el papel estratégico que China asigna a la robótica y la inteligencia artificial en su futuro productivo.

Detrás del espectáculo hubo actores concretos de la industria tecnológica. Participaron compañías como Unitree, junto a firmas menos conocidas en Occidente como MagicLab, Galbot y Noetix.

La apuesta no es aislada. En la edición anterior, una actuación de robots de Unitree se volvió viral y ayudó a acercar esta tecnología al gran público. Repetir y ampliar la fórmula en 2026 confirma que el evento funciona también como pasarela para la industria nacional.

La exhibición encaja en una política industrial que sitúa la robótica avanzada en el centro de la próxima fase manufacturera china. Según datos citados por Omdia, el país concentró alrededor del 90% de los cerca de 13.000 robots humanoides enviados a nivel mundial el año pasado. Proyecciones de Morgan Stanley apuntan a que las ventas chinas podrían superar las 28.000 unidades este año, lo que señalaría una etapa de expansión acelerada.

En este contexto, la coreografía televisiva adquiere un significado más amplio. No se trata solo de demostrar que los robots pueden ejecutar movimientos complejos ante millones de espectadores, sino de reforzar la imagen de China como potencia tecnológica capaz de integrar cultura, espectáculo e industria en una misma narrativa.

Lo que se vio en el escenario fue más que una secuencia bien ensayada. Fue una puesta en escena donde ambición tecnológica, política industrial y proyección cultural confluyeron en horario estelar.

La cuestión ya no es si estos robots pueden actuar frente a una audiencia masiva. La incógnita es cuánto crecerá su presencia en los próximos años y en qué ámbitos de la vida cotidiana terminarán integrándose. Por ahora, su escenario principal sigue siendo el espectáculo, pero el mensaje apunta mucho más allá.

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