La guerra entre Israel e Irán completó 20 días de escalada con una nueva ofensiva que impacta directamente la infraestructura energética y el equilibrio político en la región. En la jornada más reciente, ataques israelíes alcanzaron instalaciones del mayor yacimiento de gas del mundo y dejaron como resultado la muerte del ministro iraní de Inteligencia.

El bombardeo se dirigió contra el complejo gasístico de Pars Sur, considerado una de las principales reservas energéticas globales y compartido con Catar. El impacto provocó incendios en varias áreas del complejo, que posteriormente fueron controlados por equipos de emergencia, mientras las autoridades iraníes aseguraron que la situación quedó bajo control y sin reporte inmediato de víctimas.

Aunque no se ha confirmado una afectación directa en el suministro, las consecuencias ya se sienten en la región. Irak anunció la pérdida de 3.100 megavatios de generación eléctrica tras la interrupción del gas importado desde Irán, lo que eleva el riesgo de fallas en su red energética y evidencia el alcance regional del conflicto.

En paralelo, uno de los golpes más significativos fue la muerte de Ismail Jatib, quien dirigía el aparato de inteligencia desde 2021. Su fallecimiento se suma al de otras figuras clave del poder iraní en los últimos días, lo que ha generado incertidumbre sobre la estabilidad interna y posibles reconfiguraciones dentro de la cúpula política del país.

Las tensiones no se limitan al territorio iraní. En Israel, un ataque con bomba de racimo impactó una vivienda en Ramat Gan y dejó dos personas muertas, mientras los equipos de emergencia atendieron decenas de incidentes adicionales. En Líbano, los bombardeos recientes elevaron el número de fallecidos a 56 en las últimas horas, con un balance acumulado cercano a los mil muertos desde el inicio de las hostilidades.

El conflicto también se ha extendido a Irak, donde la embajada de Estados Unidos en Bagdad fue atacada con drones. Ante este escenario, la OTAN anunció ajustes en su misión en el país, mientras algunos aliados, como España, preparan la evacuación o reubicación de su personal militar.

A nivel internacional, las reacciones evidencian la falta de consenso frente a la guerra. Rusia calificó el conflicto como carente de justificación, mientras Francia insistió en la necesidad de que Irán realice concesiones para abrir una salida política. Sin embargo, desde el lado israelí se ha reiterado que existen planes para continuar las operaciones militares en las próximas semanas.

Sin señales de desescalada, la confrontación no solo mantiene la presión militar en Medio Oriente, sino que también incrementa la incertidumbre energética y económica a nivel global. El ataque a infraestructura clave y la eliminación de altos funcionarios reflejan una fase más profunda del conflicto, cuyas consecuencias siguen en expansión dentro y fuera de la región.

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