Un sofisticado esquema de infiltración digital permite al régimen de Corea del Norte financiar su programa nuclear y otras actividades militares, según estimaciones de la firma de ciberseguridad Mandiant, propiedad de Google, citadas por The Wall Street Journal.
El testimonio de Anton Koh —un desertor que integró la élite tecnológica al servicio de Kim Jong-un— describe una red internacional de trabajadores informáticos que operan desde China y Rusia, utilizando identidades robadas para obtener empleos remotos en empresas extranjeras, especialmente estadounidenses.
De acuerdo con un consorcio de once países liderado por Estados Unidos, los operativos norcoreanos habrían generado hasta 800 millones de dólares en 2024, eludiendo sanciones internacionales mediante esquemas diseñados para ocultar tanto su ubicación como su identidad.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos informó que en 2023 cuatro ciudadanos estadounidenses se declararon culpables de facilitar el acceso de trabajadores norcoreanos a más de 136 empresas del país, proporcionándoles computadoras y conexiones domiciliadas en territorio estadounidense.
El objetivo final es claro: obtener divisas extranjeras para financiar las arcas del régimen.
Koh relata que fue seleccionado desde la infancia tras superar exámenes de admisión y enviado a instituciones de élite. Más tarde fue trasladado a China, donde vivía junto a otros especialistas en dormitorios vigilados, decorados con retratos de la familia gobernante.
El sistema era rígido: cada trabajador debía entregar el 90% de sus ingresos al Estado. Solo el 10% quedaba en sus manos. Durante la pandemia, cuando el teletrabajo se expandió globalmente, algunos podían superar metas mensuales de 8.000 dólares.
Nam Bada, director del grupo de derechos humanos PSCORE en Seúl, afirmó que “unos pocos trabajadores informáticos pueden financiar un misil”, subrayando el impacto directo de estas operaciones en el programa armamentístico.
Según el testimonio, los agentes utilizaban identidades estadounidenses prestadas o compradas en el mercado negro digital. Colaboradores en Estados Unidos alojaban computadoras —las llamadas “granjas” de portátiles— que permitían simular que el trabajador estaba físicamente en el país.
Algunos estadounidenses recibían pagos únicos de hasta 500 dólares o un porcentaje del salario generado a cambio de prestar su identidad o asistir a entrevistas por videollamada.
El auge del trabajo remoto tras la pandemia facilitó el esquema. Herramientas de traducción y edición digital permitieron perfeccionar currículums en inglés y ocultar acentos o rasgos físicos durante entrevistas virtuales.
La vida de estos especialistas estaba marcada por el monitoreo constante. Supervisores instalaban software para vigilar la navegación y comunicaciones. Los trabajadores realizaban jornadas de hasta 16 horas diarias y eran sometidos a retornos periódicos a Corea del Norte para sesiones de “reeducación” ideológica.
Un informe de PSCORE en 2025 señaló que muchos consideraban la entrega de la mayor parte de sus salarios como un “deber patriótico”.
El acceso parcial a internet permitió a Koh cuestionar la narrativa oficial. Buscando información sobre Kim Jong-il, encontró reportes sobre lujos y privilegios que contrastaban con la precariedad vivida por la población norcoreana en los años noventa.
Con el tiempo, las dudas erosionaron su lealtad. Finalmente desertó y se estableció en Corea del Sur, donde hoy vive bajo una mezcla de alivio e incertidumbre.
La división Mandiant sostiene que cientos de empresas del índice Fortune 500 han sido infiltradas por operativos norcoreanos. Informes de la ONU y reportes internacionales señalan que la modalidad ya se ha extendido a más de 40 países.
El fenómeno plantea un desafío complejo: combina cibercrimen, espionaje industrial y financiamiento estatal en un entorno donde el trabajo remoto y la globalización digital dificultan la detección.
Mientras las sanciones internacionales buscan aislar a Pyongyang, la economía digital global parece haber abierto una nueva vía de financiamiento para su programa nuclear.

