«Mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen».
-Mateo 23:3
Se acercan las elecciones y como por arte de magia, algunos personajes de la política comienzan a descubrir que existen las comunidades, que hay jóvenes sin oportunidades, emprendedores con dificultades y barrios que llevan años esperando soluciones. ¡Qué conveniente resulta acordarse de las necesidades ajenas cuando se empiezan a contar los votos! De repente todos quieren escuchar al pueblo, caminar sus calles y convertirse en la voz de quienes durante años apenas recibieron silencio.
Quienes llevamos años recorriendo los territorios, conociendo de primera mano las necesidades de las comunidades y trabajando en procesos sociales, sabemos perfectamente que la realidad no se parece a los discursos que algunos desempolvan cuando se acercan las elecciones, hemos visto las dificultades de los barrios, las luchas de los emprendedores y las necesidades de tantas familias que no pueden darse el lujo de esperar a que aparezca un candidato para ser escuchadas, por eso resulta inevitable preguntar ¿dónde estaban antes? ¿por qué ese entusiasmo no se veía con la misma intensidad cuando no había campañas financieras ni votos que conquistar?. Porque para algunos la política parece tener una memoria bastante particular, olvidan las necesidades durante buena parte del camino y las recuerda justo cuando llega la hora de pedir el favor electoral.
Y aquí es donde conviene la lupa, no todo el que habla de la gente trabaja por ella, así como no todo el que visita un barrio tiene un verdadero interés en sus problemas; hay quienes confunden el liderazgo con una fotografía, la gestión con un discurso y el compromiso con una publicación en redes sociales, se pasean por las comunidades, estrechan manos, reparten sonrisa y prometen soluciones con una facilidad admirable, en cambio, el cumplir parece ser una tarea bastante difícil.
Lo desanimante es que algunos creen que los ciudadanos no tienen memoria, que basta con aparecer unos meses antes de las elecciones para borrar años de ausencia,
subestimando a la gente y suponiendo que una promesa bien pronunciada puede pesar más que una trayectoria entera; pero las comunidades no viven de discursos ni pagan sus necesidades con fotografías, porque el desempleo sigue ahi, los pequeños negocios necesitan respaldo y los problemas sociales no esperan a que termine una campaña para hacerse más graves.
Que nadie se equivoque, aspirar a un cargo publico no es el problema, el problema es utilizar las necesidades de la gente como escalera para alcanzar el poder, quien quiera
gobernar debe entender que el servicio público no puede ser una actuación de temporada ni el liderazgo una estrategia que se activa cuando las encuestan empiezan a importar.
Risaralda necesita menos personajes expertos en prometer, necesita personas capaces de demostrar, el pueblo necesita resultados y no simplemente discursos; porque si alguien necesita que se acerquen las elecciones para recordar que la gente existe, difícilmente podrá convencer de que sus prioridades están donde dice tenerlas.
A los demagogos hay que ponerles lupa, pero a los ciudadanos nos corresponde algo
todavía mas importante y es dejar de confundir las palabras con los hechos y que cada
aspirante explique su trayectoria, que cada promesa soporte preguntas y que cada discurso contraste con la realidad.
Porque para pedir el voto sobran candidatos; lo que sigue haciendo falta son razones para confiar en ellos. Por eso en estas próximas elecciones debemos elegir de la mejor manera.


