La gobernadora del Chocó, Nubia Córdoba, reportó una situación crítica en el sistema de salud departamental tras confirmar que el Hospital San Francisco de Asís alcanzó una sobreocupación histórica del 340% en su servicio de urgencias. La mandataria señaló que la red hospitalaria se encuentra al borde del colapso debido a la alta demanda de remisiones y la falta de liquidez financiera para operar. El centro asistencial, que es el único de segundo nivel en la región, enfrenta limitaciones severas en insumos y capacidad de atención segura para los pacientes.
¿Qué está pasando con la ocupación del Hospital San Francisco de Asís?
La situación en Quibdó es alarmante. El Hospital San Francisco de Asís no solo supera su capacidad en urgencias, sino que mantiene un 100% de ocupación en el resto de sus áreas. Este incremento se debe a que es la única entidad de segundo nivel de atención en el Chocó.
Al cerrarse otros centros asistenciales privados en la zona, la carga de pacientes se ha concentrado exclusivamente en este hospital. El flujo constante de remisiones desde los municipios ha desbordado los recursos disponibles. No hay camas suficientes para atender la demanda técnica y profesional requerida.
La gobernadora Nubia Córdoba enfatizó que los niveles actuales de hacinamiento impiden garantizar un servicio de salud digno. Muchos pacientes deben esperar atención en pasillos o áreas no adecuadas para procedimientos complejos. La seguridad del paciente se ve comprometida por la falta de espacio físico.
El personal médico trabaja bajo una presión constante ante la llegada de nuevos casos de gravedad. Esta saturación afecta directamente los tiempos de respuesta para patologías crónicas y urgencias vitales. La red primaria del departamento también sufre al no encontrar dónde remitir a sus habitantes.
La cifra del 340% es la más alta registrada en la historia del departamento, según las estadísticas oficiales. Esto refleja un quiebre en la capacidad de respuesta logística del centro hospitalario. La crisis no es solo de espacio, sino de capacidad operativa real frente a la población.
¿Cuál es el impacto real de la crisis en los pacientes chocoanos?
El rostro más doloroso de esta emergencia se encuentra en la unidad de pediatría. Actualmente, se reportan al menos 10 menores de edad con cuadros severos de desnutrición que requieren cuidados especializados inmediatos. La falta de camas UCI y de niveles superiores de complejidad agrava su pronóstico de vida.
Adicionalmente, existen 47 pacientes con órdenes de remisión firmadas que no han podido ser trasladados fuera del departamento. La gestión de las EPS ha sido señalada como uno de los cuellos de botella para descongestionar el hospital. Sin una cama receptora en ciudades como Medellín o Cali, el paciente queda atrapado en Quibdó.
La salud en el Chocó depende de una logística que hoy está rota por la falta de convenios y pagos oportunos. El hospital se ha visto obligado a declarar la alerta roja hospitalaria para intentar priorizar los casos de vida o muerte. Aun así, los insumos básicos comienzan a escasear debido a la sobredemanda.
La gobernadora ha solicitado una intervención más profunda por parte de la Superintendencia de Salud. No se trata solo de gestionar la atención actual, sino de evitar que el hospital cierre por insolvencia. Los pasivos acumulados impiden que el flujo de caja sea suficiente para la operación diaria.
Esta parálisis en las remisiones genera un efecto dominó que termina por colapsar las consultas externas. Al no haber rotación de camas, los nuevos ingresos quedan suspendidos, dejando a cientos de ciudadanos sin acceso a especialistas. La vulnerabilidad de la región se hace evidente en cada turno médico.
¿Qué soluciones financieras requiere el Hospital de Quibdó para sobrevivir?
¿Es posible salvar el hospital sin un rescate financiero masivo desde el Gobierno Nacional? La respuesta de la gobernación es clara: el problema es fiscal y estructural. Aunque el Ministerio de Salud ha inyectado recursos para equipos, el peso de las deudas antiguas sigue asfixiando la operación. El hospital necesita una liberación de pasivos que le permita comprar suministros sin embargos previos.
La administración departamental ha anunciado inversiones propias para ampliar urgencias pediátricas, pero esto es solo un paliativo. Se requiere que el sistema de salud nacional reconozca el costo diferencial de prestar servicios en zonas periféricas. Sin una sostenibilidad financiera real, la infraestructura nueva terminará también colapsada por la falta de mantenimiento.

