La biodiversidad colombiana sigue revelando su magnitud gracias a la tecnología. En apenas dos años, la red de cámaras trampa en Colombia ha logrado documentar más de 140.000 registros de fauna silvestre y al menos 339 especies, consolidándose como uno de los sistemas de monitoreo más ambiciosos del país.
Detrás de estos resultados está la Red Nacional OTUS, una iniciativa que articula a autoridades ambientales, científicos y organizaciones internacionales para observar la vida silvestre sin intervenir en su comportamiento. Este modelo, basado en tecnología de monitoreo ambiental, no solo amplía el conocimiento científico, sino que también fortalece la toma de decisiones en conservación.
El sistema está compuesto por cerca de 1.800 dispositivos instalados en diferentes regiones del país, cubriendo aproximadamente un millón de hectáreas. Estas cámaras se activan automáticamente al detectar movimiento, captando imágenes y videos en zonas donde la presencia humana sería limitada o invasiva.
El resultado es una radiografía detallada de la biodiversidad. Entre las 339 especies identificadas se encuentran 89 mamíferos y 242 aves, lo que evidencia la riqueza ecológica de Colombia y la importancia de estos ecosistemas.
Más allá del registro, la red permite analizar patrones de comportamiento, rutas de desplazamiento y cambios en la distribución de especies. También ha dejado en evidencia un fenómeno clave: la presencia de animales domésticos como perros y ganado en áreas protegidas, lo que genera tensiones en los procesos de conservación.
Este tipo de información resulta fundamental para diseñar estrategias más efectivas frente a amenazas como la deforestación, el tráfico ilegal de fauna y la expansión humana en territorios naturales.
Dentro del panorama nacional, el Valle del Cauca se posiciona como uno de los territorios más activos en el uso de cámaras trampa. Bajo el liderazgo de la CVC, el departamento ha instalado 171 cámaras que han generado más de 20.000 imágenes y permitido identificar 126 especies.
Entre los animales más registrados se encuentran la zarigüeya común, el armadillo de nueve bandas, la guagua o borugo, la ardilla roja y la tatabra o pecarí de collar, especies clave para el equilibrio de los ecosistemas locales.
Estos datos no solo reflejan la riqueza natural del Valle, sino también su papel estratégico en la conservación. La información recolectada permite entender mejor cómo interactúan las especies con su entorno y cómo responden a la presión humana.
Además, el monitoreo ha servido para detectar dinámicas que antes pasaban desapercibidas, como la incursión de animales domésticos en zonas protegidas, un factor que puede alterar hábitats y generar conflictos con la fauna silvestre.
Uno de los avances más relevantes del sistema es la integración con plataformas basadas en inteligencia artificial como Wildlife Insights. Esta herramienta permite procesar grandes volúmenes de datos de forma automática, identificando especies y generando análisis en tiempo real.
Gracias a esta tecnología, el país no solo registra biodiversidad, sino que también mejora su capacidad de respuesta frente a amenazas ambientales. La Red OTUS, además, hace parte de compromisos internacionales adquiridos en escenarios como la COP16, donde se planteó la expansión del sistema con más de 2.000 cámaras.
El reto ahora no es solo crecer, sino consolidar el uso de estos datos para políticas públicas efectivas. La articulación entre comunidades, autoridades y ciencia será clave para garantizar que esta información se traduzca en acciones concretas de protección.
