La disputa entre Frisby Colombia y Frisby España dio un giro decisivo en Europa. Tras un proceso judicial que se extendió durante meses, la filial española logró un fallo favorable que le permite operar con la marca en territorio europeo, desatando ahora una nueva fase del conflicto: una millonaria reclamación económica.

El caso ha generado amplio interés en Colombia, no solo por el peso simbólico de la marca original, sino por las implicaciones legales sobre el uso internacional de nombres comerciales. En medio de un fuerte respaldo nacional hacia la empresa colombiana, la decisión judicial pone sobre la mesa un debate clave sobre propiedad intelectual, expansión global y percepción de marca en mercados extranjeros.

Según explicó el vocero de Frisby España, el argumento central del tribunal se basó en un principio fundamental del derecho marcario: no se puede infringir una marca que no está registrada o reconocida de manera suficiente en un territorio específico.

En este caso, Frisby Colombia intentó demostrar que su marca era “notoria” en España, apoyándose en estadísticas de población colombiana residente en ese país. Sin embargo, el fallo concluyó que ese reconocimiento debía existir en el público general, no solo en una comunidad específica.

Este punto resultó determinante. Para las autoridades europeas, la notoriedad de una marca implica un nivel de posicionamiento amplio y verificable en el mercado local. Al no cumplirse ese requisito, la empresa española obtuvo luz verde para utilizar el nombre.

El resultado refuerza una realidad que muchas compañías latinoamericanas enfrentan al internacionalizarse: el reconocimiento en el país de origen no garantiza protección automática en otros mercados.

Tras ganar el litigio, Frisby España anunció que iniciará acciones para obtener una compensación económica por los perjuicios sufridos durante el proceso.

La reclamación incluye tres componentes principales. En primer lugar, cerca de 500.000 euros correspondientes a los meses en los que no pudieron operar debido a la disputa legal. A esto se suman aproximadamente 200.000 euros por ganancias proyectadas durante cuatro meses de actividad que no se concretaron.

El tercer punto es el más ambicioso: la empresa busca que Frisby Colombia cubra todas las ganancias que habría generado el negocio entre mayo y diciembre de 2025, periodo en el que el proyecto estuvo detenido.

Además de las pérdidas operativas, también se incluyen los costos legales asumidos durante el proceso. Para la compañía europea, el fallo valida que su actuación fue legítima y descarta cualquier señalamiento de competencia desleal.

Este nuevo capítulo podría prolongar la disputa, ahora en el terreno económico, y abrir la puerta a negociaciones o nuevos litigios.

Con el respaldo judicial, Frisby España planea avanzar en su expansión en ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla y Málaga. La empresa asegura que ya cuenta con infraestructura, recetas definidas y suficiente interés laboral para operar sin contratiempos.

Sin embargo, el modelo de negocio no será una réplica exacta del original colombiano. Según sus voceros, la propuesta incluirá una oferta gastronómica más diversa, con influencias internacionales, aunque manteniendo elementos como el pollo apanado.

El caso también ha estado rodeado de polémica en Colombia. Desde España, se ha cuestionado el respaldo masivo a Frisby Colombia, argumentando que parte de la opinión pública se construyó sobre información incompleta o inexacta.

Más allá de las posiciones, el conflicto deja lecciones importantes. La protección de marca en mercados globales exige estrategias anticipadas, registros oportunos y una comprensión clara de las normas locales.

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