Con la llegada de la contienda electoral, es común que los congresistas busquen renovar sus credenciales apelando a discursos sobre su incansable trabajo por la región. El representante a la Cámara por Risaralda, Aníbal Gustavo Hoyos Franco, no es la excepción. Sin embargo, al dejar de lado la retórica de campaña y someter a la lupa sus propios informes oficiales de gestión legislativa (2022-2025), el balance real dista mucho de las promesas.
Más que un debate de pasiones, es un asunto de cifras y registros públicos. Al revisar el rastro de sus iniciativas, nos encontramos con una gestión marcada por proyectos caducados, fallas administrativas insólitas en su equipo de trabajo y una profunda desconexión entre los grandes anuncios y los resultados materiales. ¿Merece Risaralda repetir esta legislatura? Los siguientes hechos, extraídos de su propio balance, invitan a una profunda reflexión.
El «Rey del Archivo», grandes promesas que murieron en el papel
El éxito de un congresista no se mide por la cantidad de proyectos que radica para la foto, sino por su peso político para lograr que el Congreso los debata y los convierta en ley. Recordemos, su tarea como representante es con la circunscripción en la que fue elegido, Risaralda, un compromiso con el territorio. Según los registros oficiales, la abrumadora mayoría de los proyectos bandera del representante Hoyos terminaron en una vía muerta, el archivo bajo el Artículo 190 de la Ley 5ª de 1992. ¿Qué significa esto? Que los proyectos caducaron por vencimiento de términos; es decir, se hundieron porque sus autores no lograron impulsar su debate a tiempo.
Los fracasos no son de poca monta. Prometió tocar los privilegios de la clase política, pero su proyecto para modificar el Régimen Salarial de los Congresistas (PL 194/2023C) fue archivado. Prometió defender nuestra vocación agrícola, pero iniciativas vitales como la restricción de la megaminería en el Paisaje Cultural Cafetero y la creación de la «Escuela del Café» corrieron la misma suerte. ¿De qué le sirve al departamento un representante que propone reformas de alto calibre si carece del liderazgo necesario para evitar que se empolven en las gavetas del Capitolio?
Llegar tarde a las urgencias de la región, el caso de los Juegos Nacionales
Quizás uno de los ejemplos de su ineficacia legislativa fue el Proyecto de Ley 289 de 2022, de su propia autoría, mediante el cual se buscaba establecer beneficios tributarios para la realización de los Juegos Deportivos Nacionales Eje Cafetero 2023.
El objetivo era noble y urgente para reactivar el turismo y la economía local. No obstante, la realidad fue implacable, el evento deportivo más importante de la región llegó, se realizó y pasó a la historia, mientras el proyecto de ley del representante Hoyos terminaba, una vez más, archivado por vencimiento de plazos. El salvavidas tributario que prometió a las organizaciones y deportistas nunca llegó a tiempo.
El insólito bochorno técnico de su equipo de trabajo
Cualquier ciudadano esperaría que la Unidad de Trabajo Legislativo (UTL) de un congresista, pagada con los impuestos de los colombianos, mantenga un estándar mínimo de rigurosidad administrativa. Sin embargo, en la lista oficial de proyectos de la legislatura 2024-2025, reposa una anotación técnica que deja mucho que desear sobre el orden y la capacidad de su equipo.
En proyectos de alta sensibilidad social de los que él figuró como autor, como el Trazador Presupuestal de Primera Infancia (PL 622/2025C), Impuestos vehículos bomberos (PL 348/2024C), el Programa de Alimentación Universitaria (PL 574/2025C) y Prevención en salud pública (PL 228/2024C), Subsidio al consumo de gas licuado de petróleo (PL 079/2025C) quedó la siguiente constancia oficial en el Congreso: «LOS AUTORES NO PRESENTARON ARCHIVO DIGITAL EDITABLE». Que un equipo legislativo sea incapaz de cumplir con el requisito básico de entregar correctamente el formato digital de sus propias leyes, plantea serias dudas sobre su capacidad para liderar reformas estructurales complejas.
Mucho homenaje, pero las megaobras siguen en reuniones
Al contrastar los grandes fracasos con los «éxitos» legislativos del representante, el panorama confirma una gestión cosmética. Sus contadas victorias reales en el Congreso se reducen a leyes de honores: logró la ley para conmemorar los 100 años de Balboa, los 100 años de Mistrató y el 50° aniversario del Museo de Arte de Pereira. Es innegable el valor de la cultura, pero Risaralda no resuelve su crisis de infraestructura ni de competitividad con placas conmemorativas.
Frente a las verdaderas necesidades estructurales, como los recursos para la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) de Pereira, las Vías del Samán y la Plataforma Logística del Eje Cafetero (PLEC), sus propios informes demuestran que su gestión se quedó atrapada en la «reunionitis». Años después de haber solicitado recursos, sus reportes evidencian que a mediados de 2024 seguía haciendo mesas de trabajo y enviando oficios a los ministerios intentando destrabar los mismos proyectos.
Un análisis objetivo de sus propios documentos oficiales nos arroja una conclusión clara, Aníbal Gustavo Hoyos Franco es un congresista de titulares, pero no de ejecución probada. Proponer es apenas el primer paso; el verdadero trabajo de un legislador es convertir esas propuestas en una realidad palpable.
Risaralda se encuentra en un punto crítico donde requiere representantes con el peso político, la eficiencia técnica y la capacidad negociadora para traer los grandes recursos del presupuesto nacional, no legisladores que inflan sus estadísticas aprobando leyes para celebrar cumpleaños municipales, mientras sus reformas económicas y proyectos de región se ahogan por simple negligencia en los tiempos. La reelección es un premio para la eficiencia, y hoy, los datos oficiales del propio Congreso demuestran que esa condición no se ha cumplido.

