Desde los Llanos orientales, entre colmenas y una visión empresarial poco común en el sector, el legado de Yeison Jiménez continúa tomando fuerza. Aunque el artista falleció, su proyecto productivo, Apícola La Cumbre, acaba de alcanzar un hito clave: la certificación oficial del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), que avala sus procesos y abre la puerta a nuevos mercados.
El reconocimiento se dio en el marco de Expomalocas 2026, donde la empresa fue destacada como uno de los emprendimientos más innovadores del ámbito rural colombiano.
Cuando Yeison Jiménez decidió fundar Apícola La Cumbre, no buscaba simplemente producir miel, polen o propóleo. Su propósito era estructurar un modelo apícola profesional, estandarizado y con identidad regional, inspirado en una filosofía de trabajo basada en la observación y el respeto por la naturaleza.
Lejos de quedarse en un emprendimiento simbólico, el proyecto logró consolidar un sistema replicable que integra técnica, comunidad y propósito. La empresa ha demostrado que es posible dignificar el trabajo rural, generar valor agregado y mantener una fuerte identidad territorial.
Desde la compañía destacan que la certificación del ICA no fue un fin en sí mismo, sino parte de una estrategia más amplia: establecer estándares técnicos que garanticen productos de calidad tanto para el mercado nacional como para la exportación.
“Este certificado tiene un nombre propio y una historia de lucha detrás”, señalaron desde la organización, agradeciendo además el acompañamiento de entidades como Agrosavia en el proceso técnico.
Uno de los pilares de Apícola La Cumbre ha sido la profesionalización del oficio. La empresa puso énfasis en prácticas técnicas que no siempre son comunes en el sector, como la alimentación estratégica de las colmenas en temporadas de invierno para garantizar poblaciones fuertes al inicio de la floración.
El enfoque ha sido claro: sin estandarización no hay crecimiento sectorial. “Si veinte apicultores se unen, cada uno tiene una visión distinta de lo que es la apicultura. La clave está en estandarizar, porque si no, no hay forma de avanzar como sector”, explicaron desde la compañía.
Esa visión permitió optimizar ciclos productivos, reducir pérdidas y proyectar la apicultura como un negocio sostenible y competitivo.
Lo que hace singular a esta historia es que nace desde lo rural, sin artificios, pero con claridad estratégica. El proyecto no reniega de la tradición campesina; por el contrario, la fortalece con conocimiento técnico y estándares de calidad.
Con el respaldo del ICA y la experiencia acumulada, el equipo de Apícola La Cumbre se declara listo para conquistar nuevos mercados. “Estamos preparados para llevar la esencia de nuestra tierra a cada mesa”, afirmaron.
Así, el legado de Yeison Jiménez trasciende la música. Su apuesta por el campo continúa viva en cada colmena productiva, en cada apicultor que adopta el modelo y en cada territorio que entiende que innovar no significa abandonar las raíces, sino potenciarlas.

