El trabajo interinstitucional en los diferentes estamentos organizacionales exige promulgar la confianza, la comunicación y la unión de estrategias, fomentando las medidas que beneficien a las poblaciones afectadas. Por ende, la función pública requiere mantener acciones mediadas por el diálogo, el compartir de saberes o experiencias, las actividades compartidas, las estrategias audiovisuales y la innovación en terreno que genere bienestar y cambie la vida de la comunidad: sentido principal del quehacer en los funcionarios públicos.
En cuanto a la unificación de criterios que debe realizarse en el ámbito de la gobernanza nacional para la organización de las gestiones que ejecuta cada gobierno local, es indispensable entender que presidencia y sus ministerios orientan las acciones de la gobernanza, dejando explicaciones, resoluciones, guías, formatos y sistemas digitales de compilación de la información territorial que permitan diagnosticar, caracterizar y analizar las crisis con datos unificados; lo anterior requiere que se posea capacidad instalada en los municipios con sus alcaldes y secretarios, además de componentes como conectividad, sistemas de información, recursos digitales y capacitación constante.
Lo anterior se enmarca en la capacidad de ejecutar acciones en medio de la angustia, la ansiedad, las indisposiciones y solicitudes comunitarias y las críticas que siempre deben hacer los ciudadanos de las intervenciones de la administración local, sin perder las capacidades de trabajo en equipo, reuniones estratégicas y las metas diarias para la atención de la crisis.
De este modo, es indispensable tener en cuenta que la comunicación verbal y no verbal entre los funcionarios públicos es vital para la creación de estrategias que permitan ejecutar disposiciones de manera mancomunada, sin perder el entendimiento de los roles y las funciones que cumple cada uno. Se requiere ejecutar una caracterización de las capacidades técnicas, operacionales, experienciales y saberes que se dispongan a conocimiento de todos los integrantes de la administración para atender la crisis. Las reuniones y citaciones a consejos deben tener en cuenta todos los actores o fuerzas vivas del territorio: funcionarios, servidores, comunidad, liderazgos identificados, instituciones privadas, las cuales deben ser contextualizadas para que sus aportes sean significativos en cada orden del día. La moderación del tiempo de intervención es vital y siempre se culmina con compromisos y responsabilidades de cada una de las partes con fecha y hora de entrega de resultados dispuestos en actas.
Se hace necesario mantener actualizada la información de resoluciones y acciones dispuestas a nivel nacional para la atención de las víctimas; medidas que deben ser ejecutadas por cada uno de los secretarios en el marco de sus roles y funciones. Se debe saber y entender a quién se le reporta y quién tiene capacidad de decisiones en los frentes de atención de la crisis. Las estrategias y canales de comunicación son imperantes para la explicación, aclaración e instrucciones de las decisiones tomadas para la atención de las necesidades dadas por la situación problema.
Además de gestionar las emociones en medio de las tensiones para promulgar un clima organizacional que no transgreda actitudes personales punitivas frente a las acciones que ayuden a resolver la crisis. Así mismo, generar espacios de esparcimiento y bienestar por medio de estrategias simbólicas, reconocimiento de emociones y de obstaculizadores de la ejecución de operaciones para resolverlas con atención al logro debe ser un compromiso de todas las partes afectadas. En definitiva, gobernar la crisis es saber que detrás de cada protocolo, resolución y dato técnico, existe un equipo humano cuyo bienestar, empatía y liderazgo son el verdadero motor para reconstruir y devolverle la esperanza al territorio.
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