Una serie de reportes internos provenientes de las filas del Ejército Nacional ha puesto al descubierto una práctica recurrente entre las tropas desplegadas en áreas de operaciones complejas. Varios uniformados han manifestado la necesidad de organizar colectas informales de dinero, conocidas popularmente como “vacas”, con el propósito exclusivo de adquirir dispositivos tecnológicos de uso civil para su propia seguridad. De acuerdo con los testimonios conocidos, la compra de drones comerciales de reconocimiento se ha convertido en una alternativa de primer orden para contrarrestar las limitaciones de visibilidad técnica en zonas críticas, permitiéndoles anticipar amenazas antes de avanzar de forma física por terrenos de alta peligrosidad.
Esta situación generó inmediatas reacciones en los diferentes niveles de la fuerza pública, dado que expone las dinámicas logísticas a las que se enfrentan las pequeñas unidades tácticas en cumplimiento de sus misiones. Los soldados e investigadores del entorno militar señalan que el uso de estas herramientas tecnológicas resulta indispensable en el escenario operacional contemporáneo, donde los factores de inestabilidad exigen métodos avanzados de exploración y vigilancia aérea que complementen los equipos entregados por los canales tradicionales de abastecimiento de la institución.
Respuesta del comando de la Brigada 29
Ante la divulgación pública de estas prácticas de financiamiento autónomo, el comando de la institución militar fijó una postura oficial para aclarar los alcances y la naturaleza de estos procedimientos. El brigadier general Diego Jaramillo Cuñoz, comandante de la Brigada 29 del Ejército Nacional, reconoció formalmente que, de acuerdo con los seguimientos efectuados, existen registros de personal militar que ha participado en la compra coordinada de estos elementos tecnológicos de carácter comercial. Sin embargo, el alto oficial fue enfático al desvincular estas dinámicas de los lineamientos corporativos o de los planes de adquisición del Ministerio de la Defensa.
El alto mando militar aseguró que este tipo de colectas de dinero o transferencias monetarias colectivas no corresponden, bajo ninguna circunstancia, a una orden institucional, directriz formal o requerimiento emanado por las jefaturas logísticas o los estados mayores de las brigadas. Por el contrario, la comandancia de la unidad operativa enfatizó que la decisión de adquirir estos drones comerciales obedece de manera estricta a determinaciones y voluntades individuales de los propios uniformados, quienes de forma libre optan por dotarse de este tipo de recursos tecnológicos complementarios para sus labores rutinarias de exploración.
Implicaciones logísticas y seguridad técnica
El fenómeno de la incorporación de tecnologías comerciales dentro de las dinámicas de las fuerzas armadas plantea interrogantes de carácter administrativo y operativo. Analistas del sector seguridad advierten que, si bien la intención de las tropas es maximizar su capacidad de supervivencia y optimizar el reconocimiento temprano de amenazas como artefactos explosivos o emboscadas, la introducción de plataformas que no cumplen con los estándares y protocolos militares oficiales podría acarrear vulnerabilidades colaterales en la protección de las comunicaciones tácticas del Estado.
Los canales logísticos ordinarios del Ejército Nacional contemplan una ruta estricta para la evaluación, adquisición e integración de los sistemas aéreos no tripulados (UAV). No obstante, la inmediatez y la accesibilidad de los modelos de drones que se expenden en los mercados civiles permiten que los uniformados obtengan soluciones rápidas frente a las urgencias diarias del servicio, lo cual genera esta asimetría entre la provisión fiscal y la realidad de las escuadras en el frente. El comando militar insistió en que los inventarios oficiales se siguen gestionando bajo la normatividad presupuestal vigente para asegurar que los elementos entregados cumplan con las debidas certificaciones técnicas.


