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Paisley tenía 23 años cuando se dio cuenta de que algo no estaba bien. Tras años de confinamientos por la pandemia y trabajando desde casa, comenzó a sentirse atrapado en una rutina marcada por el aislamiento. Hablar con otras personas se volvió difícil. En cambio, conversar con una inteligencia artificial resultaba sencillo, inmediato y sin juicios: “Llegué a hablar con ChatGPT seis, siete u ocho veces al día sobre mis problemas”, confesó. “No podía escapar de eso. Era una pendiente peligrosa”.

La experiencia de Paisley, residente en Manchester, forma parte de un fenómeno más amplio que especialistas y creadores de contenido describen como una crisis de soledad en la Generación Z, el grupo de personas nacidas entre 1997 y 2012, conocidos como los primeros “nativos digitales”.

Estudios recientes respaldan esta percepción. Datos de la Oficina Nacional de Estadísticas del Reino Unido señalan que la Generación Z es el grupo etario que se siente más solo. Un tercio de los jóvenes entre 16 y 29 años afirma sentirse solo “a menudo, siempre o parte del tiempo”.

Ante la falta de conexión humana, muchos buscan apoyo emocional en la tecnología. Un informe de la organización juvenil Onside reveló que el 39 % de los jóvenes entre 11 y 18 años en Inglaterra utiliza chatbots como forma de apoyo emocional, y que uno de cada cinco considera más fácil hablar con una IA que con una persona real.

Paisley compartió su historia en Generation Lonely, un documental de 20 minutos dirigido por Sam Tullen, un realizador de 22 años que decidió investigar el impacto emocional de la pandemia en su generación.

“Perdí la capacidad de socializar”, relató Paisley en el documental. “Esperaba que la IA fuera como un amigo. Era el punto de contacto más fácil, porque siempre daba una respuesta”.

Para Tullen, la pandemia agravó una situación preexistente. “Hemos construido un mundo donde es más fácil hablar con un chatbot que con un ser humano”, explicó. Durante su investigación, descubrió que muchos jóvenes le hacen a la IA las mismas preguntas que le harían a un amigo: qué ponerse, qué hacer durante el día o cómo manejar un problema personal.

Organizaciones juveniles y expertos en salud mental advierten que, aunque los chatbots pueden resultar atractivos por su disponibilidad constante y tono amable, no son una solución a largo plazo para la soledad.

Adam Farricker, director de la organización benéfica Empower Youth Zones, señaló que la IA carece de inteligencia emocional y no puede reemplazar el papel de los “adultos de confianza” o de las relaciones reales. “Muchos jóvenes creen que la información que reciben es totalmente veraz, y eso es preocupante”, afirmó.

La Dra. Jennifer Cearns, profesora especializada en confianza en IA en la Universidad de Manchester, agregó que los chatbots rara vez contradicen al usuario. “No se oponen, no cuestionan y reflejan lo que creen que quieres oír. Eso puede afectar el desarrollo emocional, especialmente en adolescentes”.

Según la experta, existe el riesgo de que los jóvenes se acostumbren a relaciones donde no hay desacuerdos ni límites, lo que podría dificultar sus interacciones humanas en el futuro.

La historia de Paisley refleja una realidad incómoda: una generación hiperconectada, pero profundamente sola, que encuentra en la inteligencia artificial un refugio temporal frente a la falta de vínculos humanos. Un alivio inmediato que, según los expertos, no debería convertirse en un reemplazo permanente.

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