La temporada de lluvias en Risaralda llega con advertencias claras en plena Semana Santa, una de las épocas de mayor movilidad y turismo en la región. El IDEAM encendió las alertas ante un aumento significativo de las precipitaciones en la región Andina, lo que podría traducirse en emergencias en varios municipios del departamento.

Las autoridades locales no solo hablan de pronósticos, sino de una realidad que ya empieza a sentirse: más de 500 familias han resultado damnificadas por las lluvias recientes. En un territorio con antecedentes de deslizamientos e inundaciones, el llamado es a no bajar la guardia, especialmente en una semana donde miles de viajeros recorren las vías y participan en actividades religiosas y de naturaleza.

El incremento de las lluvias eleva la probabilidad de eventos como deslizamientos de tierra, crecientes súbitas de ríos y quebradas, e incluso vendavales que pueden afectar viviendas e infraestructura. Risaralda, por su geografía montañosa y suelos inestables, ha sido históricamente vulnerable a este tipo de fenómenos.

Desde la coordinación departamental de gestión del riesgo se ha reiterado que el trabajo articulado con alcaldías y organismos de socorro busca anticiparse a posibles emergencias. Sin embargo, la capacidad de respuesta también depende del comportamiento ciudadano.

Uno de los puntos críticos identificados es el tránsito por zonas cercanas a fuentes hídricas. Durante esta temporada, los cambios repentinos en el caudal pueden generar situaciones de alto riesgo en cuestión de minutos. Por eso, las autoridades insisten en evitar estos sectores, incluso si aparentan estar en calma.

Además, el manejo inadecuado de residuos sigue siendo un factor que agrava la situación. El taponamiento de alcantarillas por basuras puede desencadenar inundaciones urbanas, especialmente en municipios con alta densidad poblacional.

La Semana Santa no solo es un periodo religioso, sino también una temporada alta para el turismo en el Eje Cafetero. Esto implica un aumento considerable en la movilidad por carreteras que, bajo condiciones de lluvia, se vuelven más peligrosas.

Las recomendaciones para los viajeros son claras: consultar el estado de las vías antes de salir, verificar las condiciones mecánicas de los vehículos y conducir con precaución. La combinación de lluvias intensas y carreteras sinuosas incrementa el riesgo de accidentes.

Para quienes participan en caminatas ecológicas o actividades al aire libre, el llamado es a tomar medidas básicas pero cruciales: usar calzado adecuado, portar impermeables y evitar refugiarse bajo árboles durante tormentas eléctricas. También se recomienda mantenerse alejados de laderas inestables, donde pueden presentarse deslizamientos sin previo aviso.

Este contexto obliga a replantear la forma en que se vive la Semana Santa en la región. La prevención se convierte en un componente esencial para garantizar la seguridad tanto de residentes como de visitantes.

Más allá de las advertencias institucionales, la prevención empieza en casa. Las autoridades han insistido en acciones simples que pueden marcar la diferencia, como el mantenimiento de canaletas y desagües, así como evitar arrojar basura en espacios públicos.

En materia de salud, el autocuidado también juega un papel clave. Permanecer con ropa húmeda durante largos periodos puede derivar en enfermedades respiratorias, por lo que se recomienda cambiarse a tiempo y mantener hábitos de higiene adecuados.

El mensaje de fondo es claro: la temporada de lluvias en Risaralda no es un fenómeno nuevo, pero sí uno que exige responsabilidad colectiva. La experiencia ha demostrado que muchas emergencias pueden evitarse si se siguen las recomendaciones básicas.

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