Un violento episodio ocurrido en el fútbol amateur de Indonesia derivó en una de las sanciones más duras registradas en ese deporte. Muhammad Hilmi Gimnastiar, mediocampista del PS Putrajaya Pasuruan, fue castigado con una suspensión de por vida y una multa económica luego de protagonizar una agresión que conmocionó al país.
El hecho ocurrió durante un encuentro de la cuarta división local frente a Perseta 1970 Tulungagung. Cuando el partido se encontraba en el minuto 71 y el marcador era ampliamente favorable al equipo rival, Gimnastiar se desentendió de la disputa por el balón y lanzó una violenta patada directa al pecho de Firman Nugraha, una acción que fue comparada con un movimiento de artes marciales.
El impacto dejó al jugador agredido tendido en el campo, obligando a su evacuación en camilla y posterior traslado a un centro médico. Aunque los médicos descartaron riesgo vital, el futbolista necesitó oxígeno y atención especializada. El árbitro del encuentro no dudó en mostrar la tarjeta roja de manera inmediata.
Horas después del incidente, el PS Putrajaya Pasuruan anunció la rescisión del contrato del jugador y emitió un comunicado público ofreciendo disculpas al club afectado y al entorno del fútbol local. La reacción institucional fue rápida y contundente.
El Comité Disciplinario de la Asociación de Fútbol de Java Oriental justificó la sanción al considerar que la conducta del jugador puso en grave peligro la integridad física de un colega y vulneró de forma absoluta los principios del deporte. Según sus autoridades, la decisión busca sentar un precedente claro y disuadir futuras conductas violentas.
Gimnastiar, nacido en 2005 y sin antecedentes disciplinarios conocidos, quedó así excluido de manera permanente de toda actividad futbolística oficial. El partido, que terminó con una goleada a favor de Perseta 1970 Tulungagung, pasó a un segundo plano frente al impacto del episodio.
La resolución fue respaldada por distintos estamentos del fútbol indonesio, que remarcaron la necesidad de proteger a los jugadores y reforzar los límites frente a la violencia, incluso en categorías menores. El caso se convirtió en un símbolo del endurecimiento de las sanciones para preservar la seguridad y el espíritu deportivo.

