En un operativo liderado por la Fiscalía General de la Nación, la Sociedad de Activos Especiales (SAE) logró la recuperación de 32 propiedades ubicadas en el departamento de Antioquia. El conjunto de los predios se encuentra valuado en una cifra cercana a los COP 19.500 millones. De acuerdo con las carpetas judiciales del Estado colombiano, los inmuebles están directamente relacionados con las actividades de Francisco Javier Piedrahita Sánchez, un hombre señalado por la justicia como uno de los principales engranajes económicos y articuladores de los grupos paramilitares en el país.

La noticia no solo marca un golpe a las finanzas remanentes de las antiguas estructuras ilegales, sino que además abre un nuevo panorama social para el uso de estos predios. Según la misma SAE, una de las propiedades recuperadas se transformará de manera oficial en un refugio destinado al cuidado y protección de 146 animales domésticos que fueron abandonados. Este giro busca devolverle a la comunidad un espacio condicionado para el bienestar social tras décadas de permanecer bajo el control de capitales ilícitos.

Los nexos históricos de Piedrahita Sánchez con los carteles y las AUC

Las investigaciones adelantadas por las autoridades judiciales en Colombia detallan que Francisco Javier Piedrahita Sánchez no era un actor aislado en el entramado criminal de finales del siglo pasado. Los expedientes lo vinculan estrechamente como socio de figuras de alto perfil del crimen organizado, entre ellos Gonzalo Rodríguez Gacha, conocido bajo el alias de “el Mexicano” y uno de los líderes más visibles del extinto Cartel de Medellín. Asimismo, la justicia lo relaciona de forma directa con Carlos Castaño, el desaparecido fundador de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

A través de estos puentes delictivos, Piedrahita Sánchez habría gestionado los recursos financieros de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu). El rastro de su fortuna quedó al descubierto tras los cruces de información contable derivados del histórico expediente del «Parqueadero Padilla». Dicha investigación judicial se convirtió en una pieza fundamental para el Estado, ya que permitió estructurar y documentar los casos de lavado de activos, narcotráfico e incremento patrimonial injustificado de las redes paramilitares que operaban con fuerza en diversas regiones colombianas.

Durante los años en que estos predios permanecieron bajo la sombra de la ilegalidad, los testaferros del esquema criminal continuaron usufructuando el terreno de manera irregular. En las labores de inspección, la SAE detectó que la titularidad formal de los bienes había sido fragmentada a nombre de Ana Paulina Uribe Lopera, quien fuera la compañera sentimental de Piedrahita Sánchez, junto con otros integrantes de su núcleo familiar más cercano. De igual modo, gran parte de las fincas y lotes estaban registrados bajo la fachada comercial de la sociedad Uribe Lopera Cia, una firma con personería jurídica dedicada formalmente a la cría de ganado bovino y bufalino.

Antes de la intervención estatal, la SAE determinó que varios de estos inmuebles estaban siendo subarrendados de manera ilegal. A pesar de que los bienes ya contaban con medidas cautelares y estaban inmersos en procesos de extinción de dominio bajo la tutela del Estado, seguían generando millonarios beneficios económicos para particulares vinculados al entorno del investigado.

Un capítulo marcado por la violencia contra la administración de justicia

La recuperación y administración de la fortuna ligada a Piedrahita Sánchez representa, según las declaraciones de la SAE, uno de los tramos más sombríos y complejos en toda la historia de la administración de justicia en Colombia. El avance de los expedientes financieros que hoy permiten la incautación definitiva de estas 32 propiedades costó la vida de numerosos funcionarios públicos que intentaron destapar el flujo de la economía ilegal.

Las pesquisas originales estuvieron bajo la coordinación directa del fiscal Gregorio Oviedo y contaron con el despliegue operativo del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía. En medio del desarrollo de las indagaciones sobre el lavado de activos y las redes de financiamiento, las organizaciones criminales desataron una ola de violencia con el propósito de frenar el avance de la justicia. Como consecuencia de esta ofensiva armada, 14 investigadores judiciales fueron asesinados en operativos y atentados atribuidos a los grupos ilegales que buscaban proteger el patrimonio de los capos de la región.

Con la toma de posesión material de los inmuebles por parte de la Sociedad de Activos Especiales, el Estado busca cerrar este ciclo de despojo y violencia. La reconversión de los predios, encabezada por el proyecto del albergue de animales, pretende marcar una pauta en la política de restitución comunitaria del uso de la tierra en las zonas que fueron golpeadas por el conflicto armado interno.

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