Irán atraviesa uno de los momentos de mayor tensión social y política de los últimos años. Desde finales de diciembre, masivas manifestaciones contra el régimen clerical se han extendido por gran parte del país, impulsadas por el deterioro económico, la inflación y el descontento acumulado frente al poder de los ayatolás.

Las protestas, que ya completan más de doce días consecutivos, han sido registradas en más de 100 ciudades y pueblos de las 31 provincias, incluyendo Teherán, Mashhad, Babol, Abdanan y varias localidades del oeste y norte del país. En medio de la movilización, las autoridades ordenaron un apagón nacional de internet, una medida que ha generado alarma entre organizaciones de derechos humanos y la comunidad internacional.

Imágenes verificadas por medios internacionales muestran multitudes marchando por avenidas principales, coreando consignas como “Muerte al dictador” y expresiones a favor del regreso de la monarquía, derrocada en 1979. En varias grabaciones se observa a manifestantes retirando cámaras de vigilancia, cerrando comercios y concentrándose frente a edificios públicos.

El detonante inicial fue la fuerte devaluación del rial iraní, que alcanzó mínimos históricos, sumada a una inflación cercana al 40 %, en un contexto marcado por sanciones internacionales, crisis energética y denuncias de corrupción. A las protestas de comerciantes en el Gran Bazar de Teherán se sumaron rápidamente estudiantes universitarios y trabajadores, ampliando el alcance del movimiento.

Mientras los videos circulaban en redes sociales, plataformas de monitoreo como NetBlocks y Cloudflare confirmaron que la conectividad cayó a menos del 1 % en todo el país, aislando a Irán del exterior. Este tipo de bloqueos ha sido utilizado en el pasado como antesala a operativos de represión.

El balance humano sigue siendo objeto de disputa. Organizaciones como Irán Human Rights y HRANA reportan entre 34 y 45 manifestantes muertos, incluidos menores de edad, y más de 2.200 personas detenidas. Las autoridades iraníes, por su parte, han reconocido la muerte de varios miembros de las fuerzas de seguridad y minimizan la magnitud de las protestas, difundiendo imágenes de calles vacías.

En el plano político, el líder supremo Alí Jamenei afirmó que el régimen “no retrocederá”, aunque llamó al diálogo con quienes protestan pacíficamente, diferenciándolos de lo que denomina “alborotadores”. Desde el exterior, Reza Pahlavi, hijo del último sha, instó a continuar las movilizaciones, mientras el presidente estadounidense Donald Trump reiteró advertencias de una posible intervención si se intensifica la represión.

Con vuelos cancelados, ciudades incomunicadas y reportes de enfrentamientos cada vez más violentos, Irán enfrenta un escenario incierto. Lo que comenzó como una protesta económica se ha transformado en una expresión abierta de rechazo al régimen, la más significativa desde las movilizaciones de 2022 y una de las más amplias desde la Revolución Islámica.

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