La participación de los grandes fabricantes de automóviles en la producción de equipamiento militar vuelve a ocupar un lugar central en Europa. Francia solicitó formalmente a Renault que inicie la fabricación de drones militares, mientras que en Alemania ya se analiza un escenario similar con Volkswagen, en un contexto marcado por el aumento del gasto en defensa y las nuevas exigencias estratégicas del continente.

Que la industria automotriz se vincule con el sector bélico no es un fenómeno nuevo. Durante la Segunda Guerra Mundial, empresas como Volkswagen adaptaron el diseño del escarabajo para producir vehículos militares emblemáticos como el Kübelwagen y el Schwimmwagen. BMW, por su parte, fabricó motores de aviación para la Luftwaffe, además de motocicletas y automóviles destinados al ejército alemán.

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Kübelwagen destinado al ejército alemán en la segunda guerra mundial. créditos: military classic vehicles
Military classic vehicles

En tiempos más recientes, Francia dio un primer paso en esta dirección el año pasado, cuando se anunció una colaboración entre Renault y una pequeña empresa del sector defensa para producir drones de combate en territorio ucraniano. Según explicó entonces el ministro de Defensa francés, Sébastien Lecornu, el acuerdo buscaba establecer líneas de ensamblaje en un modelo de cooperación beneficioso tanto para París como para Kiev.

Ahora, de acuerdo con información citada por Reuters, Renault confirmó una asociación con la empresa francesa Turgis Gaillard para desarrollar y producir drones militares en sus plantas de Le Mans y Cléon. El proyecto estará bajo la supervisión de la Dirección General de Armamento de Francia y marca la entrada formal del fabricante automotriz en el ámbito de la defensa nacional.

Este giro industrial responde a un escenario complejo: la guerra en Ucrania, las crecientes necesidades militares europeas y los cambios en la política exterior de Estados Unidos han generado una demanda de armamento y equipos que la industria de defensa tradicional difícilmente puede cubrir en el corto plazo.

Según el diario francés La Tribune, Renault y Turgis Gaillard trabajan en el desarrollo de un dron táctico con una envergadura cercana a los diez metros, concebido para ser producido a un costo competitivo. El plan contempla una capacidad de fabricación que podría alcanzar hasta 600 unidades mensuales al finalizar el primer año de operaciones.

El ensamblaje de la estructura del dron se realizará en la planta de Le Mans, donde entre 100 y 200 empleados —actualmente dedicados al diseño y fabricación de chasis— participarán en el proyecto. En Cléon, en tanto, se producirán los motores de combustión interna que impulsarán estos vehículos no tripulados.

El dron está pensado como una plataforma de largo alcance, apta tanto para misiones de combate como para tareas de observación e inteligencia. En una primera etapa, se prevé la entrega de alrededor de diez unidades durante el verano para validar el concepto. Si los ensayos resultan exitosos, las compañías firmarían un contrato de diez años con el Ministerio de Defensa francés, cuyo valor total podría rondar los 1.000 millones de euros.

La tendencia no se limita a Francia. En Alemania, Rheinmetall, el mayor contratista de defensa del país, avanza desde 2025 en la reconversión de plantas automotrices para la producción de equipamiento militar. Una de las instalaciones consideradas es la fábrica de Volkswagen en Osnabrück.

Aunque el acuerdo aún no se ha cerrado, el director ejecutivo de Rheinmetall, Armin Papperger, ha señalado la posibilidad de utilizar esa planta para fabricar tanques y otros sistemas militares, una estrategia que permitiría acelerar la producción y reducir los costos asociados a la construcción de nuevas instalaciones.

El regreso de los grandes fabricantes de automóviles a la industria de defensa refleja un cambio profundo en las prioridades industriales de Europa, donde la frontera entre la producción civil y militar vuelve a difuminarse en respuesta a un escenario geopolítico cada vez más incierto.

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