Colombia ha logrado avances importantes en acceso a la educación en las últimas dos décadas, pero lo ha hecho a un ritmo más lento que otros países de América Latina. Esa es una de las principales alertas del más reciente informe de la Unesco, que ubica al país en una posición intermedia dentro de la región, con desafíos persistentes en cobertura y permanencia.
El dato no es menor. En un contexto global donde más de 273 millones de niños y jóvenes siguen fuera del sistema educativo, Colombia ha mejorado sus indicadores, pero no lo suficiente para cerrar brechas estructurales. La preocupación no es solo cuántos estudiantes ingresan al sistema, sino cuántos logran mantenerse y culminar su formación.
A comienzos de los años 2000, Colombia compartía niveles similares de acceso educativo con países como Perú y Costa Rica. En ese momento, cerca de un tercio de los jóvenes en estos países estaba por fuera del sistema educativo, especialmente en secundaria.
Sin embargo, más de dos décadas después, las diferencias son evidentes. Costa Rica ha logrado reducir significativamente esa proporción, acercándose a niveles de cobertura casi universal, mientras que Perú también ha avanzado con mayor rapidez. Colombia, en cambio, mantiene una tasa más alta de jóvenes que no terminan la educación media.
Este rezago refleja no solo dificultades en ampliar la cobertura, sino también en garantizar la permanencia de los estudiantes. Factores como la desigualdad social, la necesidad de trabajar desde edades tempranas y las brechas territoriales siguen impactando la trayectoria educativa, especialmente en zonas rurales y vulnerables.
Además, el informe destaca una tendencia preocupante: mientras la repitencia ha disminuido en primaria, en secundaria básica ha aumentado ligeramente en Colombia, a contracorriente de lo que ocurre a nivel global. Esto sugiere problemas en la calidad del aprendizaje o en las condiciones que enfrentan los estudiantes para avanzar.
Aunque cada vez más jóvenes logran terminar el bachillerato, el ritmo actual no es suficiente para alcanzar la universalización en el corto plazo. Según las proyecciones, Colombia podría tardar varias décadas más en lograr que todos los estudiantes completen la educación media.
El problema se agrava al observar el paso hacia la educación superior. Ingresar a la universidad no garantiza la graduación. De hecho, solo 4 de cada 10 estudiantes en Colombia logra terminar su pregrado, según datos del Ministerio de Educación.
La deserción universitaria se ha convertido en un problema estructural. Las razones son múltiples: dificultades económicas, falta de orientación vocacional, exigencias académicas y, en muchos casos, la necesidad de trabajar mientras se estudia.
Esto evidencia que ampliar la cobertura —es decir, permitir que más estudiantes accedan al sistema— no es suficiente por sí solo. Sin políticas sólidas de acompañamiento, financiamiento y calidad educativa, muchos estudiantes quedan a mitad de camino.
Además, la brecha entre acceso y graduación limita el impacto real de la educación en el desarrollo del país. Un sistema donde pocos logran culminar sus estudios genera efectos en la productividad, el empleo y la movilidad social.
El diagnóstico de la Unesco es claro: las metas educativas que Colombia se había propuesto para 2030 difícilmente se cumplirán en ese plazo. En el mejor de los escenarios, estos objetivos podrían alcanzarse hacia 2040.
Esto tiene implicaciones profundas. Un avance lento en escolarización significa que generaciones enteras podrían enfrentar menores oportunidades laborales, mayor informalidad y limitaciones en el acceso a mejores condiciones de vida.
Sin embargo, el panorama no es completamente negativo. Los avances logrados demuestran que es posible mejorar, pero requieren mayor velocidad y enfoque en la calidad. Iniciativas que fortalezcan la permanencia escolar, reduzcan la deserción y mejoren las condiciones de aprendizaje serán clave en los próximos años.
El reto, entonces, no es solo llevar a los estudiantes al aula, sino garantizar que permanezcan, aprendan y se gradúen. En un país con profundas desigualdades, la educación sigue siendo la principal herramienta de transformación social.

