Los centros del saber permiten la universalización del saber, la comprensión del mundo y la profesionalización del conocimiento. Esto implica recursos económicos, apoyo social, capital humano y colectividad académica que anuden esfuerzos para promover el análisis crítico, la resiliencia, la innovación y el amor por el progreso social, familiar e individual.
Sin embargo, las universidades del mundo se enmarcan en procesos de investigación e innovación, estrategias pedagógicas de enseñanza y aprendizaje, y desarrollo administrativo, entramados en una red que sostiene el sistema universitario visto como una institución que fomenta el futuro, discute el presente y promueve la innovación para los habitantes del globo, por medio del conocimiento, las habilidades blandas, duras y el análisis crítico de las realidades sociales, económicas y políticas. Es en los espacios del aula universitaria que se permite la heterogeneidad de ideas, identidades, saberes y bienestar socioacadémico del presente y futuro talento humano de los países.
Se debe saber, reconocer y defender que las universidades no solo están facultadas para la profesionalización del saber, son centros de interacción que promueven relaciones, genera innovación, fomenta lazos sociales por medio de los cuales se impacta de manera positiva la sociedad y el desarrollo de los países, por ende no son un instrumento de desarrollo financiero, su red de sostenimiento en Colombia y el mundo se debe a esquemas de cofinanciación (cost-sharing) entre el Estado, los impuestos, filantropía y, en menor medida servicios contratados; en los países de la OCDE, en 2022 un tercio de la financiación de las instituciones universitarias provino del sector privado, no alcanza a ser el 50 % de los ingresos institucionales. No se trata de mercantilizar la misión universitaria desdibujando el servicio de las ganancias al aspecto monetario.
El informe de la contraloría sobre la sostenibilidad financiera de la Universidades en Colombia, el cual indica que el 97% de las universidades que poseen el modelo de financiación de la ley 30 de 1992 ausentan estructura de autofinanciamiento, no debe alertar al país sobre el costo de sostenimiento en impuestos que se direccionan a las Universidades del país, sino identificar la inversión nacional, aún deficitaria, para mantener el sistema que promueve el futuro de la nación. No es generar valor económico al saber, se trata de invertir en el desarrollo, la prosperidad, la cultura y la ética de los ciudadanos del mundo sobre la lógica de la democratización del conocimiento para la ascendencia social.
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