El Ministerio de Relaciones Exteriores de China reafirmó su derecho a sostener una cooperación económica “legítima” con Irán, luego de que trascendieran informes sobre un supuesto entendimiento entre el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu para intensificar la presión sobre Teherán.

Según un reporte del portal Axios, ambos líderes habrían acordado reforzar la estrategia de “máxima presión”, con especial énfasis en las exportaciones de crudo iraní hacia China. El medio sostiene que más del 80 % del petróleo exportado por Irán tiene como destino el mercado chino, lo que convierte a Pekín en un actor clave en cualquier intento de asfixia económica contra la República Islámica.

Durante una rueda de prensa en Pekín, el portavoz de la Cancillería china, Guo Jiakun, subrayó que la cooperación entre Estados realizada en el marco del derecho internacional es “razonable y legítima” y debe ser respetada y protegida.

“Es totalmente legítimo y razonable que los países mantengan una cooperación normal con Irán dentro del marco del derecho internacional”, afirmó el funcionario, quien reiteró la oposición de su país a las sanciones unilaterales que no cuentan con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU.

China también aseguró que adoptará las medidas “necesarias” para proteger los derechos e intereses legítimos de sus empresas y ciudadanos frente a eventuales represalias.

El endurecimiento de la presión estadounidense tendría como objetivo forzar concesiones de Irán en su programa nuclear, en un momento en que ambas partes se preparan para una segunda ronda de negociaciones indirectas prevista en Ginebra.

De acuerdo con fuentes estadounidenses citadas por la prensa internacional, Trump firmó hace diez días una orden ejecutiva que abriría la puerta a la imposición de aranceles del 25 % a productos chinos como represalia por su comercio energético con Irán. Se trataría del cuarto paquete de sanciones del Departamento del Tesoro estadounidense contra refinerías chinas desde el regreso de Trump a la presidencia.

Como mayor socio comercial y principal comprador de petróleo iraní, China sostiene que su relación energética con Teherán responde a necesidades estratégicas de seguridad energética y se ajusta al derecho internacional.

En paralelo, ambos países han reiterado su compromiso de profundizar sus vínculos bilaterales mediante la implementación de su acuerdo estratégico de 25 años, en un contexto de creciente confrontación con Washington. Tanto Pekín como Teherán han criticado lo que califican como “unilateralismo” estadounidense en materia de sanciones.

La disputa en torno al comercio petrolero refleja así una tensión geopolítica más amplia, en la que la energía, las sanciones y el equilibrio de poder internacional vuelven a situarse en el centro del debate.

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