Irán atraviesa una de las olas de protesta más intensas de las últimas décadas. Lo que inició a finales de diciembre de 2025 como un estallido por la crisis económica —marcada por inflación, devaluación del rial y empobrecimiento generalizado— se transformó rápidamente en un desafío político de fondo al régimen de la República Islámica. En el centro de esta convulsión social hay una imagen que se repite y se consolida como símbolo: La mujer iraní.

Desde el 28 de diciembre, las manifestaciones se han extendido por más de un centenar de ciudades. Comerciantes, estudiantes y trabajadores reclaman soluciones económicas, pero también libertades, igualdad de derechos y un cambio estructural. En ese escenario, las mujeres han dejado de ser figuras secundarias para convertirse en el rostro visible de la protesta.

Este protagonismo no surge de la nada. Es la continuidad de una lucha que estremeció al mundo en 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, detenida por la policía de la “moral” por un supuesto incumplimiento del uso obligatorio del hijab. Su fallecimiento dio origen a la consigna “Mujer, vida, libertad”, un lema que hoy vuelve a escucharse en las calles iraníes y que conecta las demandas económicas con una exigencia profunda de dignidad y derechos.

el simbolo de las protestas en iran image
Credit: Fotografía: Allison Bailey

Las protestas actuales, aunque detonadas por la crisis financiera, están impregnadas de ese espíritu de resistencia. Mujeres de distintas edades marchan, desafían las normas impuestas y denuncian un sistema que regula sus cuerpos, decisiones y proyectos de vida desde 1979. El velo, símbolo histórico de control estatal, ha sido resignificado como emblema de opresión y rechazo.

La respuesta del régimen ha sido severa. Organismos internacionales han documentado uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias, apagones de internet y una represión que no distingue edad ni género. Aun así, la movilización persiste. Incluso bajo el blackout informativo, imágenes de calles iluminadas por celulares y mujeres sin hijab continúan saliendo del país, dando cuenta de una resistencia que no se apaga.

Más allá del velo, las demandas hoy apuntan a algo mayor: igualdad, libertades básicas, oportunidades económicas y un sistema político que rinda cuentas. En esa lucha, las mujeres no solo participan: encarnan el mensaje. Son la voz, el rostro y el símbolo más potente de una sociedad que desafía décadas de represión y que, pese al costo, insiste en no volver al silencio.

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