reencausar el conocimiento mao
Credito: Christian Orrego

Es innegable que han sido cuatro semanas difíciles, de angustia, solidaridad, incertidumbre y también de una enorme capacidad para demostrar que, cuando nos golpean, sabemos levantarnos y lucharemos porque Pereira se vuelva a levantar.

Y precisamente porque estamos atravesando uno de los momentos más complejos de nuestra historia reciente, existe una conversación que no podemos aplazar; ¿Quién va a vigilar que las obras que hoy necesita la ciudad de Pereira realmente se hagan, se terminen y se entreguen bien?

Es un cuestionamiento desde el respeto, pero también con preocupación, porque la administración del alcalde Mauricio Salazar tiene hoy una responsabilidad mucho mayor que antes de esta tragedia; ya no se trata solamente de cumplir un cronograma o inaugurar una obra, se trata de atender una emergencia, recuperar infraestructura, responder a miles de familias y administrar recursos públicos que, necesariamente, serán significativos.

Esto es algo que no podemos perder de vista, porque los problemas de ejecución no comenzaron con el terremoto, antes de la tragedia ya habíamos visto retrasos, modificaciones en cronogramas y compromisos de entrega que no se cumplieron en las fechas anunciadas, por parte de la administración de la Alcaldía de Pereira.

Observemos el caso del estadio Hernán Ramírez Villegas, un claro ejemplo que dejó varias preguntas legítimas, se anunció públicamente una fecha de entrega, pero llegado ese momento, la obra todavía no estaba completamente terminada. Porque gobernar también implica responder por lo que se anuncia y debemos recordar que la palabra de un gobernante tiene valor.

Así que cuando un mandatario se compromete públicamente con una fecha, los ciudadanos tenemos derecho a esperar que esa palabra se cumpla y si las circunstancias obligan a modificarla, también tenemos derecho a conocer las razones de manera clara, oportuna y verificable.

Ahora pensemos e imaginemos lo que viene, Pereira necesitará inversiones importantes para recuperación de vías, infraestructura, vivienda y otros proyectos que deberán ejecutarse con urgencia y es aquí, donde aparece una pregunta que puede resultar incómoda, pero que es necesaria ¿Quién va a garantizar que esos recursos se inviertan realmente en lo que Pereira necesita y que no terminen perdiéndose entre contratos, adiciones, retrasos y obras inconclusas?.

Porque una cosa es anunciar recursos y otra muy distinta es convertirlos en obras terminadas y útiles para la gente, la urgencia de reconstruir no puede transformarse en una razón para bajar la guardia frente a la contratación pública, por el contrario, entre más recursos haya, mayores deben ser los controles.

Por eso, sería verdaderamente necesario y pertinente que desde diferentes sectores de Pereira se conformen veedurías ciudadanas fuertes, técnicas, permanentes y efectivas, capaces de hacer seguimiento a la contratación, a la ejecución de las obras y sobre todo, al destino de cada peso público, porque se trata de algo mucho más importante cuidar los recursos de Pereira.

Todos los ciudadanos de Pereira deben saber cuánto cuesta cada obra, quién la ejecuta, cuál es el cronograma, cuánto se ha pagado, cuánto falta por ejecutar, cuáles son los avances reales y cuándo será entregada, por eso se requiere que los organismos de control hagan lo que les corresponde, porque vigilar los recursos públicos no puede quedar únicamente en manos de una ciudadanía que bastante tiene ya con enfrentar las consecuencias de la tragedia.

Los pereiranos no necesitan promesas de una ciudad reconstruida para dentro de algunos años, necesitan saber cómo se va a reconstruir, con qué recursos, bajo qué contratos, con qué controles y en qué tiempos, porque después de una tragedia, también es necesario evitar otra forma de desastre, que la necesidad y la urgencia terminen convirtiéndose en terreno fértil para el despilfarro, la improvisación o los incumplimientos.

Pereira no cayó para quedarse en el suelo. Pereira renacerá pero esta vez los ciudadanos deben estar atentos a algo más que a las máquinas, los ladrillos y las nuevas obras.

Deben mirar los contratos, preguntar por los recursos, exigir resultados. Y sobre todo, tienen que recordar que detrás de cada peso público hay una historia, una familia y una ciudad que espera. Porque como dice la Escritura: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel.” Lucas 16:10. Y ahora, cuando será necesario administrar tanto, Pereira necesitará precisamente eso, fidelidad en lo mucho.

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