Por: Aurelio Suárez Montoya
Sergio Fajardo ha sido, con altas y bajas, una opción del establecimiento. En esta tercera vez, Uribe lo incluye en el abanico “desde De la Espriella hasta Fajardo”.
Se lanzó antes en 2018 y en 2022. Pero en 2010 ya había sido fórmula a la vicepresidencia en la efímera “ola verde”, que no recibió el apoyo del Polo en segunda vuelta –pese a la invitación de Petro– porque Mockus y Fajardo se negaron a rechazar las bases militares de Estados Unidos y las privatizaciones en salud y educación.
En 2018, Fajardo, dentro de la Coalición Colombia, desechó una consulta con Claudia López y Jorge Robledo. Ambos renunciaron a sus aspiraciones, López fue candidata a la vicepresidencia y quedaron de terceros en la primera vuelta con 4.602.916 votos, a 200.000 de Petro, que fue segundo y se benefició de la propuesta fajardista de subir los parámetros para pensionarse, que desató una estampida de votantes.
En 2022, Fajardo lo volvió a intentar en la Coalición Centro Esperanza con Robledo, Amaya, Alejandro Gaviria y Juan Manuel Galán, soportado por “verdes” como Mockus, Angélica Lozano, Sanguino, Sandra Ortiz y el partido ASI. Acordó un programa mínimo, de respeto a la democracia, de igualdad de derechos, de protección a la producción nacional y de una reforma tributaria progresiva.
En el paro nacional de 2021, la táctica “centrista” de priorizar el diálogo con Duque y no de unirse a la protesta le costó millones de votos; no se leyó el momento histórico. Los 888.585 que sacó Fajardo en 2022 lo hacen renegar de la Coalición Centro Esperanza como “un gran fracaso”.
(https://www.youtube.com/watch?v=W-UH-adc_zs).
En el Gobierno de Petro respaldó la reforma tributaria de Ocampo, regresiva y contra el ahorro nacional. Afirmó que “se parece mucho a la que propusimos” (SEMANA, 5/11/22); justificó el alza en los combustibles (El Quindiano, 5/12/24); calificó la reforma pensional con “avances importantes” (Infobae, El Colombiano, 6/10/24) y validó que la laboral “podría mejorarse”.
(https://www.instagram.com/reel/DJsjgvTNzJP/).
Esas “evaluaciones” se enmarcan en la supuesta “independencia” frente al Gobierno Petro de “apoyar lo bueno y criticar lo malo”, que adoptó su partido Dignidad y Compromiso, postura que resultó en una condescendencia con las directrices del neoliberalismo global del FMI, Banco Mundial, BID y la Ocde, las mismas a las que sus copartidarios decían oponerse.
Las críticas de Fajardo a Petro se centran en la “personalidad caótica”, falta de rigor, “no trabajar en equipo” y “vivir en campaña”. También en la cercanía con Benedetti, en la podredumbre de la UNGRD y en el fracaso evidente de la “paz total”.
Para este tercer intento de 2026 –como una “corrección” frente a 2022–, Fajardo viró con más decisión a la derecha. La oficializó el 20 de julio con un documental a tono con “la mano firme y el corazón grande” (ver https://www.instagram.com/reel/DMVCZ_psykE/) y nombró como jefe programático al pontífice neoliberal J. J. Echavarría, posiblemente su ministro de Hacienda. Recogió, dentro del Plan Guardián, “la aspersión aérea” y la “erradicación manual forzosa”, “con los Estados Unidos, lo hacemos con el presidente Trump de presidente, lo hacemos” –dijo–.
(https://www.youtube.com/watch?v=qtrqY_6K5kY, mins. 56:46 y 57:03).
Fajardo lanzó como ministra de Ambiente a Brigitte Baptiste, miembro de la junta directiva de la minera canadiense Aris Mining, que opera en Marmato y Segovia y merodea en Santurbán, y nada dice de las APP, ni de los TLC, de la sumisión a la Ocde o de la membresía en la Otan, los “logros” de la política exterior de Santos. A nadie debe extrañarle el apoyo del general Naranjo, exvicepresidente entre 2016 y 2018, ni que Enrique Santos escriba que “Fajardo es el hombre” (Cambio, 14/12/25).
El recuento anterior muestra que son mínimas las diferencias con David Luna, Mauricio Cárdenas, Juan Daniel Oviedo y Juan Manuel Galán –con quien compartió lista al Senado– y de ahí que no se explique por qué no participó en la Gran Consulta, que la tenía servida. El que Fajardo les pidiera a dichos precandidatos la rendición a su favor ratifica que era más lo que los unía que lo que los separaba.
Por el contrario, Uribe aprovechó el espacio dejado por Fajardo, después de tener tres precandidatas con mínimos porcentajes de posibilidad, e impulsó a Paloma Valencia, hoy segunda con el 22 por ciento de intención de voto, en tanto el candidato de Dignidad y Compromiso se instaló en el margen de error.
Queda claro que el mayor favor recibido por Paloma Valencia vino de Fajardo, que “se fue para Sevilla y perdió la silla”, y no porque haya diferencias en asuntos medulares, incluido el neoliberalismo, que, de acuerdo con su lema propagandístico, se lo toma “en serio”. Muy en serio.

