Al fin respiramos tranquilos.
El Senador Iván Cepeda respondió mi derecho de petición y el país puede dormir en paz: el acto de Barranquilla del 7 de agosto costó exactamente $30.400.000 y lo pagó el Pacto Histórico con recursos privados propios.


¡Qué alivio! Yo pensé que había costado más.
Porque con lo que se vio en fotos – tarima grande, sonido que retumbaba hasta Soledad, pantallas LED del tamaño de mi casa, iluminación, generadores, sillas, carpas, logística, transporte, seguridad, publicidad – yo juraba que eso valía más de 100 millones. Pero no. Según certificación del 25 de agosto firmada por Gabriel Becerra, todo eso salió por $30,4 millones.
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Un milagro de la economía popular. Deberían contratar a ese proveedor para el PAE.
Pedí facturas. Me respondieron que las facturas existen.
Pedí contratos. Me respondieron que los contratos existen.
Pedí proveedores. Me respondieron que los proveedores existen.
Pedí comprobantes. Me respondieron que los comprobantes existen y los tiene el Pacto.
¡Claro! Es el nuevo modelo de transparencia cuántica: el documento existe y no existe al mismo tiempo, hasta que usted lo pida.
Pedí la factura y me llegó una certificación de que la factura existe. Es como pedir agua y que le certifiquen que llovió.
Estamos ante una innovación mundial: la contabilidad espiritual. No se ve, pero se siente.
Ahora, la segunda parte es poesía pura.
Durante una semana nos vendieron la épica de la desobediencia civil. El puño arriba. No vamos a la posesión de Abelardo de la Espriella porque estamos en desobediencia civil. Suena a barricada, a trinchera, a historia.
Y cuando uno pregunta jurídicamente por qué no fue a la posesión – que es una sesión de Congreso Pleno obligatoria por Constitución – resulta que sí había permiso.
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Licencia ordinaria no remunerada. Resolución 004 del 6 de agosto de 2026. Concedida por la Mesa Directiva del Senado. Para atender compromisos fuera de la ciudad.
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¡O sea, desobediencia civil con licencia aprobada, es como declararse en huelga de hambre con lonchera en la maleta!
Es como decir “no reconozco a este gobierno” pero “por favor me firma el permiso para no ir a posesionarlo”.
Es la primera revolución de la historia que pide permiso en Secretaría General.
Yo no digo que sea ilegal. La licencia es legal. Lo que digo es que es chistoso. Muy chistoso.
Porque si usted va a hacer desobediencia civil, la gracia es desobedecer. No pedir licencia por escrito para desobedecer. Si pide licencia, ya no es desobediencia, es inasistencia justificada con viáticos ideológicos.
Y aquí viene mi duda existencial: en esa solicitud de licencia, ¿qué escribió? ¿“Solicito licencia para ejercer desobediencia civil en Barranquilla”? ¿O puso “compromisos académicos”? ¿“Compromisos familiares”? ¿“Compromisos fuera de la ciudad”?
Senado Cepeda ver esa solicitud. Por puro chisme histórico.
Porque si la causal fue la desobediencia civil, sería el primer caso en el mundo donde la desobediencia civil se vuelve causal de excusa válida ante el Congreso.
Y si la causal fue otra, entonces la desobediencia civil fue para el discurso de tarima, no para el oficio de Secretaría.
En fin.
Nos quedan dos misterios sin resolver:
1. ¿Dónde están las facturas de los $30,4 millones?
2. ¿Qué decía exactamente la solicitud de permiso para hacer la revolución?
Si alguien las ve, que las publique. Aunque sea en versión pública tachando la cédula, pero mostrando el NIT del señor de la tarima.
Porque hasta ahora, la única factura que tenemos es la de la certificación.
Y esa, curiosamente, sí fue gratis.


