En un tranquilo prado del sur de Austria, una vaca llamada Veronika ha puesto en duda una de las creencias más extendidas sobre los animales de granja: que carecen de comportamientos complejos o inteligencia avanzada. A sus 13 años, este animal doméstico fue observado utilizando objetos de su entorno como herramientas para rascarse el cuerpo, un comportamiento que hasta ahora no había sido documentado científicamente en el ganado.
Veronika vive en el pueblo de Nötsch, en la región montañosa de Carintia, donde no es criada para la producción de carne ni de leche, sino como mascota. Cuando no encuentra a una persona cerca que le rasque el lomo, toma con la boca palos, cepillos o incluso rastrillos que halla en el suelo y los emplea para aliviarse el picor en distintas zonas del cuerpo.
Este comportamiento llamó la atención de Alice Auersperg y Antonio Osuna Mascaró, investigadores de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, especializados en cognición y comportamiento animal. Tras analizar varios videos y descartar que se tratara de imágenes generadas por inteligencia artificial, los científicos se desplazaron hasta Nötsch para observar directamente a la vaca.
Durante semanas de trabajo de campo, Osuna Mascaró realizó alrededor de 70 pruebas con Veronika, documentando de forma sistemática cómo seleccionaba y utilizaba los objetos. Los resultados fueron claros: la vaca no usaba las herramientas de manera aleatoria. Prefería el extremo del palo con cerdas, similar a una escoba, y lo empleaba principalmente para rascarse el lomo y la parte trasera del cuerpo mediante movimientos amplios. En cambio, cuando utilizaba el mango, lo hacía con movimientos más suaves y precisos, especialmente en zonas sensibles como la ubre o el abdomen.
Este uso diferenciado de un mismo objeto para funciones distintas llevó a los investigadores a clasificar el comportamiento como “uso multipropósito de herramientas”, algo que hasta ahora solo se había registrado en humanos y en ciertos primates, como los chimpancés de África central. El estudio fue publicado el 19 de enero de 2026 en la revista científica Current Biology.
Según los científicos, el caso de Veronika no implica necesariamente que sea un animal excepcional. Más bien, pone de relieve un sesgo histórico en la investigación del comportamiento animal. Las vacas, al ser animales domésticos y ampliamente presentes en la vida humana, han sido poco estudiadas desde el punto de vista cognitivo, bajo la suposición de que carecen de habilidades complejas.
Otro factor clave es el entorno en el que vive Veronika. Al no formar parte de un sistema de producción intensiva, ha tenido acceso durante años a distintos objetos con los que interactuar y ha disfrutado de una vida más larga que la mayoría de las vacas, que rara vez alcanzan esa edad. Según su dueña, el dominio de estas “herramientas” no fue inmediato, sino que se desarrolló con el tiempo, tras años de práctica.
Para los investigadores, este hallazgo sugiere que el uso de herramientas podría no ser tan raro en el ganado como se pensaba, sino simplemente poco observado. El caso de Veronika invita a replantear cómo se percibe la inteligencia de los animales de granja y abre nuevas preguntas sobre hasta qué punto han sido subestimadas sus capacidades cognitivas.
Más allá de lo anecdótico, la historia de esta vaca austríaca ofrece una lección más amplia: incluso en especies consideradas comunes o “simples”, pueden existir comportamientos sofisticados que solo salen a la luz cuando se les observa con atención y sin prejuicios.

