La tregua de 14 días anunciada entre Irán y Estados Unidos comenzó en medio de tensiones y acciones militares que ponen en duda su viabilidad desde las primeras horas. Aunque el acuerdo buscaba frenar una escalada tras más de un mes de confrontaciones, rápidamente se registraron denuncias de violaciones y diferencias sobre su alcance, especialmente en relación con el conflicto en Líbano.
Irán denunció ataques contra infraestructura estratégica en su territorio, incluyendo una refinería en la isla de Lavan, donde se registró un incendio, así como la incursión de un dron en la ciudad de Lar. En respuesta, Teherán lanzó ofensivas con misiles y drones contra varios países del Golfo, entre ellos Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Catar y Kuwait, dirigidas a instalaciones energéticas y eléctricas.
En paralelo, el Gobierno iraní anunció restricciones al tránsito de petroleros en el estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes para el comercio mundial de crudo. Aunque Estados Unidos aseguró que la vía seguía operativa, la decisión de Teherán generó incertidumbre en los mercados energéticos y elevó la preocupación sobre la estabilidad regional.
Mientras tanto, Líbano se convirtió en el principal foco de la escalada. Israel lanzó la que ha sido descrita como su mayor ofensiva desde el inicio del conflicto, con bombardeos masivos en el sur de Beirut y zonas del centro de la capital. El ataque dejó más de 250 muertos y cerca de 1.000 heridos, según autoridades locales, en una jornada marcada por la destrucción de infraestructura y el colapso de los servicios de emergencia.
El Gobierno israelí justificó la ofensiva al señalar la presencia de integrantes de Hezbolá en áreas urbanas, mientras que desde Estados Unidos se indicó que estas acciones no hacen parte del acuerdo de tregua. Esta interpretación ha sido rechazada por Irán, que insiste en que el cese de hostilidades debe incluir también el frente libanés, lo que evidencia profundas diferencias entre las partes.
En medio de este panorama, Estados Unidos mantuvo una postura de presión, con advertencias sobre posibles sanciones y medidas económicas contra países que apoyen a Irán. Además, confirmó que sus tropas permanecerán en la región para supervisar el cumplimiento del acuerdo, en un contexto de alta desconfianza y riesgo de incidentes que puedan escalar nuevamente el conflicto.
Las delegaciones de Irán y Estados Unidos tienen previsto reunirse en Islamabad para avanzar en la negociación, con un plan que incluye el levantamiento de sanciones y compromisos en materia nuclear. Sin embargo, el inicio accidentado de la tregua deja en evidencia la fragilidad del acuerdo y anticipa un proceso complejo, condicionado por intereses divergentes y una tensión que sigue latente en toda la región.

