El Comité Olímpico Internacional (COI) prohibió al corredor ucraniano de skeleton Vladyslav Heraskevych competir con un casco que homenajea a deportistas fallecidos durante la guerra en Ucrania, una decisión que desató polémica en la antesala de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026.
Heraskevych, de 27 años, utilizó el casco durante una sesión de entrenamiento en el Centro de Deslizamiento de Cortina d’Ampezzo el lunes. La pieza mostraba los rostros de siete atletas ucranianos que murieron desde el inicio de la invasión rusa a gran escala: la levantadora de pesas Alina Perehudova, el boxeador Pavlo Ischenko, el jugador de hockey Oleksiy Loginov, el actor y atleta Ivan Kononenko, el entrenador y saltador Mykyta Kozubenko, el tirador Oleksiy Habarov y la bailarina Daria Kurdel.
Tras el entrenamiento, el deportista publicó un video en redes sociales en el que aseguró que un representante del COI acudió a la Villa Olímpica para comunicarle que no podría usar el casco en competencia.
“Es una decisión que me rompe el corazón. Siento que el COI está traicionando a los atletas que formaron parte del movimiento olímpico al no permitir que sean homenajeados en el escenario deportivo donde nunca más podrán volver”, expresó.
Según explicó Heraskevych, la decisión se basa en la Regla 50.2 de la Carta Olímpica, que prohíbe “cualquier tipo de manifestación o propaganda política, religiosa o racial en sedes, instalaciones u otras áreas olímpicas”.
El Comité Olímpico Nacional de Ucrania presentó una solicitud formal para autorizar el casco, argumentando que se trata de un homenaje y no de una manifestación política.
“El casco fue creado para honrar a los atletas ucranianos que murieron defendiendo a Ucrania o que fueron víctimas de la guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania”, señaló el organismo en un comunicado. Además, aseguró que el diseño cumple con todas las normas técnicas y de seguridad, y que no contiene lemas políticos ni elementos publicitarios.
El portavoz del COI, Mark Adams, reconoció en conferencia de prensa que la organización comprende el deseo del atleta de rendir homenaje, pero insistió en que el casco contraviene las directrices vigentes.
“Los Juegos deben estar separados no solo de la interferencia política y religiosa, sino de todo tipo de interferencias para que los atletas puedan concentrarse en su rendimiento”, afirmó.
Como solución intermedia, el COI permitirá a Heraskevych competir con un brazalete negro en señal de luto.
La decisión generó reacciones inmediatas. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, elogió públicamente al deportista por su gesto.
“Gracias por recordarle al mundo el precio de nuestra lucha. Esta verdad no puede calificarse como una manifestación política en un evento deportivo. Es un recordatorio de lo que es la Rusia moderna”, escribió en redes sociales.
Heraskevych ya había protagonizado una acción similar en los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022, cuando levantó una pancarta con el mensaje “No a la guerra en Ucrania” antes del inicio de la invasión rusa.
La polémica también se produce en un contexto delicado: el COI autorizó la participación de 13 atletas rusos y siete bielorrusos como Atletas Neutrales Individuales en los Juegos, una decisión que Ucrania ha cuestionado desde el inicio del conflicto.
El caso reabre el debate sobre el alcance de la neutralidad olímpica en tiempos de guerra. Mientras el COI defiende la necesidad de mantener los Juegos alejados de manifestaciones políticas, atletas y autoridades ucranianas sostienen que honrar a deportistas fallecidos no constituye propaganda, sino memoria.
Para Heraskevych, la negativa del organismo representa una oportunidad perdida de reconocer públicamente a quienes, según sus palabras, “formaron parte del movimiento olímpico y ya no están”.
La discusión vuelve a situar al deporte en el centro de las tensiones geopolíticas y plantea una pregunta incómoda: ¿dónde termina la neutralidad y dónde comienza el silencio?

