Desprovisto de cualquier medida de seguridad y equipado únicamente con zapatos especiales, una bolsa de magnesio y su característica camiseta roja, el escalador estadounidense Alex Honnold hizo historia este domingo al alcanzar la cima del Taipei 101, el undécimo edificio más alto del mundo, con 508 metros de altura.

La hazaña, completada en poco más de 90 minutos, convierte a Honnold en la primera persona en escalar esta estructura en modalidad ‘free solo’, la variante más extrema de la escalada, en la que no se utilizan cuerdas ni arneses y en la que cualquier error puede ser fatal.

Antes del ascenso, que fue transmitido en directo a nivel mundial a través de la plataforma Netflix, Honnold —nacido en 1985— había señalado que llevaba años soñando con escalar este rascacielos emblemático que domina el distrito financiero de Taipéi.
“Es increíble. He pasado un montón de tiempo pensando en esto, imaginando que era posible, pero hacerlo realmente se siente diferente”, afirmó ante los medios al finalizar la escalada.

La subida estaba prevista inicialmente para el sábado por la mañana, pero fue suspendida apenas media hora antes debido a las malas condiciones climáticas. Veinticuatro horas después, con cielo despejado y el sol reflejándose sobre la fachada del edificio, Honnold inició el ascenso.

El primer gran desafío fue la base del rascacielos, formada por 113 metros de losa inclinada de acero y vidrio, además de dos estructuras metálicas de 4,3 metros conocidas como ruyi. Este tramo inicial, superado en menos de veinte minutos, dio paso a la sección más larga y físicamente exigente de la escalada.

Se trató de las llamadas “cajas de bambú”, ocho módulos superpuestos entre los pisos 27 y 90 que conforman el cuerpo central del Taipei 101. A lo largo de 274 metros de ascenso vertical, Honnold demostró su destreza técnica, avanzando con fluidez ante la mirada atónita y los aplausos de cientos de espectadores congregados en los alrededores del edificio.

La etapa final, considerada la más peligrosa, comenzó al llegar a la torre superior, donde los desplomes pusieron a prueba la fuerza de sus brazos. Desde allí avanzó hasta la aguja del rascacielos, coronada por una pequeña esfera metálica suspendida sobre el vacío. En ese punto, Honnold se detuvo para tomarse un selfie que ya forma parte de la historia de la escalada.

“Para mí, el reto más grande era mantenerme tranquilo. A medida que subía, me sentía cada vez más calmado; fue muy divertido”, explicó el escalador tras completar el desafío.

Honnold, conocido mundialmente por escalar sin equipo de seguridad El Capitán, una pared vertical de más de 900 metros en el Parque Nacional de Yosemite —hazaña retratada en el documental ganador del Óscar Free Solo—, recibió duras críticas desde que anunció su intención de escalar el Taipei 101.

Algunos cuestionaron el alto riesgo mortal asociado a este tipo de escalada, mientras que otros pusieron el foco en su vida personal, al ser esposo y padre de dos niñas pequeñas. Cualquier accidente, señalaron, habría tenido consecuencias irreversibles para su familia.

Ante ese escenario, la organización tomó precauciones extremas, como un retraso de diez segundos en la transmisión en vivo para poder interrumpirla de inmediato en caso de una caída. Durante toda la ascensión, Honnold estuvo en contacto constante con su equipo, que había establecido puntos de rescate a lo largo del edificio.

“Todo el equipo fue de clase mundial. Para mí, es más fácil dar lo mejor cuando confío en ellos y sé que están dando lo mejor también. Fue increíble, un día espectacular”, concluyó Honnold, quien casi una década después de su legendaria escalada en Yosemite, volvió a escribir su nombre en la historia del deporte extremo.

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