Un nuevo experimento científico ha revelado que los pollitos domésticos recién nacidos pueden establecer asociaciones entre sonidos y formas visuales, una capacidad que durante mucho tiempo se consideró exclusiva del ser humano.

El estudio se centró en el llamado efecto Bouba-Kiki, un fenómeno psicológico que describe la tendencia a relacionar sonidos suaves con formas redondeadas y sonidos más agudos con figuras puntiagudas. En el experimento, los investigadores criaron pollitos en condiciones controladas desde el momento de la eclosión para evitar cualquier aprendizaje previo relacionado con los estímulos utilizados en la prueba.

Durante el entrenamiento inicial, las aves aprendieron a rodear un panel para obtener alimento como recompensa. Posteriormente, los científicos les presentaron dos paneles diferentes: uno con una forma redondeada y otro con una forma puntiaguda. Mientras los pollitos observaban las figuras, se reproducía repetidamente uno de dos sonidos inventados: “Bouba” o “Kiki”.

Los resultados mostraron que las aves tendían a elegir la figura puntiaguda cuando escuchaban el sonido “Kiki” y la forma redondeada cuando sonaba “Bouba”, reproduciendo el mismo patrón observado en humanos. El análisis estadístico indicó que el sonido era el factor que determinaba la elección, descartando otras variables como la posición del estímulo o el sexo del animal.

Este hallazgo sugiere que ciertas asociaciones entre estímulos auditivos y visuales podrían existir desde las primeras etapas de la vida, incluso en especies que no poseen lenguaje. Para los investigadores, esto podría indicar que el cerebro tiene mecanismos básicos para integrar información sensorial de diferentes modalidades, algo que en los humanos habría servido como base para el desarrollo del lenguaje.

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